La vuelta en coches separados o “Cómo mi Yo de doce años azuzó la lucha entre culturas”

Tengo que hacer una confesión. Observando el profundo debate sobre la integración que en este momento se desarrolla en Alemania: Si, yo también fui alguna vez miembro de una iniciativa anti- islámica. O mejor dicho: yo también ha discriminado he discriminado como grupo a emigrantes provenientes del espacio cultural mahometano.

Eso sí, tengo que decir para acentuar la salvación de mi horra, que mis motivaciones no eran de ninguna manera las explicaciones blandengues que en este momento mueven a una parte de la población a radicalizarse (a la derecha) aprobando a un político en la afirmación de que en general los emigrantes representan una amenaza cultural. Que ellos – sea influido por la genética o por la cultura es en principio dejado de lado- no están dispuestos a integrarse ni tienen la capacidad de aprender y que la cultura alemana es tan poco respetada como los protagonistas del espacio cultural, los „Anfitriones -en el contexto de la migración una palabra falsa y terrible-.
>>>

Parto

Mi vida, al igual que la de muchas madres – no diré nada nuevo-, se divide en un antes y un después de ese momento celestial en el que me encontré a mí misma hecha un mar de gritos, sangre, placenta, excrementos y vida. Ese momento, después del dolor extremo, en que una enfermera risueña me puso en el pecho una pequeña cosa agelatinada, una bolita caliente y azul que olía a mi cuerpo por dentro y abría una boca profunda para llorar con toda la fuerza de sus pulmones recién estrenados. Sinead O´Connors –  otra mujer que se volvió loca luego de ser madre- canta en una vieja pero memorable canción que todos los bebés nacen gritando el nombre de Dios. A mí me consta doblemente. Primero en una tarde de febrero, luego a primera hora de la mañana de un día de noviembre: mis dos bebés, mis dos bolitas de carne nuevecita y caliente, gritaron al nacer el nombre de Dios con toda la fuerza de la vida que comienza, con todo el miedo que debe dar nacer. El miedo de ver la luz en quien sabe dónde, de venir a no se sabe qué. Y después siguieron llorando con esa misma fuerza durante los primeros meses. Según Sinead O´Connors los bebés siguen llorando luego de nacer porque ya no recuerdan el nombre de Dios. >>>

Teletransportación

El lenguaje de la violencia social impone modificaciones, en diversos niveles, al propio acto de la escritura. Los dedos tiemblan, aparecen los tics corporales traducidos a imagen y las metáforas adquieren texturas donde su luz apela a la desesperación. La escritura por momentos anuncia un escape de la paranoia o, al menos, un placebo capaz de entregarnos una mínima calma al interior del cinismo que desarrollamos como escudo. Más que resignación, resguardo. En otros momentos, la escritura misma es la transcripción directa de un estado permanente de terror y pánico.

Al experimentar un tipo de violencia que se fabrica en una oscuridad casi absoluta, donde el operador del agravio es virtualmente invisible e intocable (no puede reconocerse totalmente en el Estado, sino en fuerzas paralelas que pueden estar ligadas, o no, a éste), la interpelación que la poesía desarrolla como forma de resistencia es igualmente móvil, nómada y fugaz. El poema transmuta su materia, se trasviste y performatiza un clamor que representa al fingimiento del dolor efectivamente sentido (Pessoa). >>>

Ni como putas

Un europeo que estuvo de visita en Argentina todavía recuerda con agrado la hospitalidad: “¡Llamáme!” “Pasáte por aquí, ¡hacemos parrillada!” Los argentinos reciben a los extranjeros con los brazo abiertos; siempre que vengan del hemisferio Norte. La gente de otras regiones pobres de Latinoamérica lo tienen más difícil.

“Argentina siempre se ha considerado a sí misma como un país blanco”, dice Lourdes Rivadeneyra. “La discriminación contra los inmigrantes de países vecinos tiene mucho que ver con el color de la piel, con los rasgos faciales y con la pobreza. De repente eres, para muchos, un enemigo. Hubo en todo el barrio carteles que decían: no queremos a las bolivianas ni como putas”.

>>>

Los extraños, la libertad y la vida

En las semanas pasadas compartí mucho tiempo con mi amigo americano. De las dos Américas, si uno quiere. Javier es colombiano, pero vive hace 16 años en la ciudad de Nueva York. No tiene pensado dejar nunca más los Estados Unidos. Desde abril está oficialmente nacionalizado en USA. Su viaje a Berlín es el primero con su nuevo pasaporte.

Anteayer le pregunté si se sentía más colombiano o más americano. Para mi sorpresa no dudó mucho en decir: „ciudadano americano“, „entre tanto“, acotó.

Nuestra amiga en común: Ximena, que proviene de Odessa en el Mar Negro, que igual que Javier vive en Nueva York y también tiene la ciudadanía americana, responde a la pregunta según la ocasión. A veces se presenta como Rusa, otras como americana, en ocasiones como ucraniana. De acuerdo a lo que en el momento combina con ella mejor. En cuanto pueda hablar el idioma de su marido alemán (y su nueva casa), esa se convertirá en su cuarta opción. De eso ya estoy segura y  de alguna manera, tiene razón.

Me siento muy unida a los dos. El tema migración me acompaña hace media vida – y eso que jugó un rol concreto apenas un par de años. Pero la sombra que entonces proyecto sobre mi destino es enorme hasta el día de hoy. >>>

Formulario

Hoy recibí el mensaje de mi abogada diciéndome que el momento ha llegado y que si quiero, puedo aplicar para la ciudadanía Estadounidense en el momento que me parezca conveniente. De inmediato bajé el formulario de Internet y como si fuera cosa de vida o muerte, comencé a llenarlo a toda velocidad.

Hace algunos años mi padre izquierdoso habría tenido un síncope si le hubiese dicho que iba a jurar lealtad a la bandera de los Estados Unidos y todas esas ceremonias horribles por las que tendré que pasar. Seguramente yo misma hubiera tenido un síncope. Yo marché contra la guerra, leí todas las revistas de izquierda y los libros de los revolucionarios, la cosa para mí estaba muy clara.  Yo no quería querer a este país, no sabía nada de su historia ni su gente, y sospecho que tampoco quería saber.

Pero las cosas cambian. No tanto afuera, porque las guerras y las políticas y las torturas son las mismas, sino adentro de uno, a nivel privado y sentimental. La vida te arrastra, te abre la boca y te mete el dedo, te muestra cosas que no querías ver.  He vivido aquí por cinco años y me siento en casa, aunque no me siento “de aquí”. Ni siquiera sé si me voy a quedar. Pero con la ciudadanía podría votar en el lugar donde vivo, y por lo menos reclamar cómo se usan los impuestos, incluidos los que pagamos millones de inmigrantes no ciudadanos. Por lo menos podría actuar de alguna manera para que se mantengan las bibliotecas donde me meto a escribir, las universidades donde quiero estudiar y para que se pueda casar la gente que se quiere casar. En fin, participar en la ilusión colectiva de la democracia y sus ritos. Y bueno, también supongo que me permitiría trabajar para el gobierno federal en caso de que alguna vez me quiera convertir en espía de la CIA.

Pienso mucho en la ciudadanía que tengo ahora, con la que nací. Aunque no lo es, tomar otra se siente como una pequeña renuncia. Pero en este momento mi ciudadanía es de un país que sólo existe en mi cabeza. Me alcanza la vida solamente para leer los diarios, para putear por Internet y por teléfono cuando hablo con mi padre los fines de semana. Voto cada vez que puedo estar físicamente presente, y aún así no me sirve para un carajo, porque el país va para donde vá, y no para donde yo quiero. La ciudadanía se me ha convertido en un vago sentimiento de pertenencia política a un territorio donde siempre seré una extraña, aunque no esté ausente.

>>>

Todo es violento

Pido disculpas si se hace muy difícil de leer pero quería expresarlo así.

Uruguay está dividido en 19 departamentos el tamaño total de Uruguay es inferior a varias provincias argentinas muchas veces ellos nos llaman como si fuésemos una provincia argentina muchas veces nosotros nos comportamos como si lo fuésemos quiero escribir sobre la violencia sobre la migración sobre el día a día quiero intentarlo y quiero hacerlo así como un rio como un torrente de palabras y no sé si funcionará en alemán pero lo intentare en español quiero decir que Uruguay es pequeño y somos pocos somos tres millones de personas tres millones y medio tal vez ese medio vive fuera de Uruguay hace un tiempo a alguien se le ocurrió llamar a ese medio millón de uruguayos que viven fuera de Uruguay el departamento numero 20 le llamaron querían darles una señal querían decirles donde vivan ustedes está Uruguay pero no funcionó hace un año intentamos habilitar el voto epistolar o algo que le diera derechos a los ciudadanos uruguayos que viven fuera de Uruguay pero no se aprobó gano la idea que los que están afuera no tienen los mismos derechos de los que están adentros somos uruguayos de otra categoría este Uruguay pequeño y subdesarrollado no tiene mucho futuro en este camino uno de nuestros principales problemas reside en lo que se llama fuga de cerebros es un problema que reside en que tenemos una buena educación universitaria y gratuita pero después como país no podemos contener a todos los profesionales que formamos los cuales inmediatamente son absorbidos por otros países pueden contratar por dineros muchos mayores a los que este país puede sostener entonces se empiezan a ir los profesionales calificados que prefieren desarrollar su vida y su carrera en un país que se los permita es razonable Uruguay los uruguayos los distintos gobiernos han intentado parar esto en la crisis del dos mil dos emigraron de Uruguay miles de uruguayos casi igual que en épocas de la dictadura lo que me hace acordar como decía un amigo la dictadura de la plata está vigente nos gana nos tortura y vino para quedarse la sostenemos con el voto y con el silencio pienso que tal vez es muy violento lo que digo y pienso que todo es violento y que aceptarlo es parte de ser honesto honestidad violenta todo acto es un acto violento pienso y confirmo con mi acción diaria cotidiana toda intención es a favor de algo y en contra de otro nada es inocente no existe la no violencia no existe la paz solo en la tumba y en los cementerios el silencio y la grisura de la nada absoluta del fin nada más opuesto a la vida incluso mi escritura este acto de ausencia de puntos y comas ya es un acto violento en contra de mi traductora que va a tener que reescribir todo lo que yo haya intentado ella reescribirá y tendrá en su escritura un reordenamiento que puede violentarme ella utilizara la violencia de su interpretación para traducir mi acto violento yo la agredo ella me agrede y todo por falta de puntos y comas que más se puede esperar de la vida donde los puntos y las comas ni cuentan pero tal vez esa ausencia sea el comienzo de todas las ausencias todo comienza en el lenguaje y entonces la violencia de la calle es una violencia del lenguaje tal vez mi falta de ortografía termine generando una guerra de tribus en África pretensioso y delirante pero todo acto violento es violento en si mismo y no en cuestión de grado es tan violento un grito como una bomba lo que cambias son las consecuencias que estos generan dependiendo del contexto en el que se realiza una bomba en el medio del océano tal vez sea menos violento para nosotros que un grito mientras dormimos porque siempre la violencia es en contra de alguien y seguramente a los peces les importe más que a nosotros pero somos nosotros los únicos capaces de reflexionar sobre esa violencia sobre esa necesidad continua de generar actos violentos desde el nacimiento llegamos entre los gritos de nuestras madres y el primer objetivo es hacernos llorar y si no lo hacemos el doctor nos pegará hasta que suceda entendelo a la fuerza el mundo es violencia y la paz solo existe en los cementerios.

Mi abuela y mis amigos…

Los amigos son una joya, al decir de mi abuela tan preciada, que solo se tienen unos pocos. ¿Por qué? Mi abuela no me contó, ella siempre invitándome a probar. Con ellos y ellas he reído, llorado y aprendido infinidad de cosas. Los trances que creamos juntos son como un asalto a la razón. La desvalijamos de sus pretensiones absolutistas y la dejamos desnuda, viendo en ella lo que tanto esconde, su pasado, presente y opaco futuro. En estas tertulias siempre es menester decir de antemano cuanto se va a beber, diez botellas de vino, veinte o hasta que no podamos más. De este modo fingimos tenerlo todo bajo control. Estos miríficos momentos de intercambio intelectual y emocional suelen también estar acompañados por comelatas y fiestas que pueden acabar en grandes proyectos, en clases magistrales o simplemente en desmesuradas borracheras. En una de esas sobremesas llenas de música, Safo contó de la mano inquieta de Olympe de Gouges. Los redactores de la monumental Déclaration des droits de l’Homme et du Citoyen habían olvidado a sus madres, hermanas, esposas y compañeras de lucha, por lo cual Olympe se dio a la tarea de redactar una Déclaration des droits de la Femme et de la Citoyenne. Debido a ello quizás los ciudadanos ilustres de la época, que solo eran unos pocos, le mandaron a cortar la cabeza.

El recapitular de Safo encendió la noche. Freud  ya se había tomado unos tragos, quiso objetar algo, pero madame Beauvoir, la cual se encontraba a su lado, no lo dejo abrir la boca. >>>