Ni como putas

Un europeo que estuvo de visita en Argentina seguramente recuerda con agrado la hospitalidad: “¡Llamáme!” “Veni a casa, ¡hoy hacemos un asado!” Los argentinos reciben a los extranjeros con los brazo abiertos; siempre que vengan del hemisferio Norte. La gente de otras regiones pobres de Latinoamérica lo tienen más difícil.

“Argentina siempre se creyó una Argentina blanca”, dice Lourdes Rivadeneyra. “La discriminación contra los inmigrantes de países vecinos tiene mucho que ver con el color de la piel, con los rasgos faciales y con la pobreza. De repente eres, para muchos, un enemigo. Hubo en todo el barrio carteles que decían: no queremos a las bolivianas ni como putas”.

Rivadeneyra vino a Argentina procedente de Perú hace 18 años, hoy en día trabaja en el Inadi, la agencia argentina contra la discriminación. Allí ayuda a inmigrantes de Bolivia, Paraguay y Perú a construirse una nueva vida en Argentina. Alrededor del 10% de los 38 millones de habitantes de Argentina proceden de Paraguay, Perú o Bolivia.La gente sueña con el sueño americano“, afirma Rivadeneyra. “Creen que encontrarán en Argentina trabajo, una gran vida. Lamentablemente la realidad hoy en día es otra. Muchos no tienen trabajo, sobreviven en condiciones infrahumanas o con trabajos prácticamente de esclavitud“.

Abordados en la calle, los argentinos resultan distantes. No obstante, su rechazo a los inmigrantes se puede leer entre líneas.

Escuchen:

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Mujer 1: Pienso que hacen muchos trabajos que nosotros, los argentinos, no estamos dispuestos hacer

Hombre 1: Están muchísimo mejor de lo que alguna vez pudieron estar en su país de origen.

Mujer 2: Toda esta gente está utilizando nuestros servicios y no lo retribuyen. La gente no paga nada igual que si fuesen residentes de Buenos Aires.

Mujer 1: A veces también me sale alguna cosa xenófoba, de pensar mal de ellos o de discriminarlos, „ah, tiene que ser boliviano o paraguayo o lo que fuera“. Me enoja conmigo misma. A veces me sale. Soy humana, no lo puedo evitar.

Hombre 3: A todos los que vienen de afuera lo aceptamos. En otro país se quejan de eso. Que cuesta entrar en la sociedad. Acá el que viene de otro país lo aceptamos rapidamente. Pero lo que me está doliendo ahora, por ejemplo: el italiano y el español, que venía, era más sacrificado. Ahora está viniendo otro tipo de inmigración, de países limítrofes y son cómodos. Quieren que se les dé una casa, ocupan casa, que el italiano y el español no hacía eso.

Las encuestas muestran que seis de cada diez bolivianos se plantean abandonar la patria. Muchos de ellos quieren ir a Argentina. Porque están desinformados y no saben lo que les espera allí, dice Rivadeneyra. Un inmigrante jamás contará a los suyos que las cosas le van mal: El extranjero nunca va a decir a su familia que está mal.“

Tampoco a Shirley López le dijo nadie antes de su viaje que los bolivianos no son bienvenidos en cualquier parte de Argentina. Escuchó en boca de amigas que “Argentina era genial, que uno ganaba en dólares, que la vida era muy buena y la comida deliciosa“.

López es de baja estatura y tiene la tez oscura. Una mala punto de partida para una nueva vida en Buenos Aires. Shirley trabajó como modista en una fábrica textil coreana, ahora es ama de casa y se encarga de su hija pequeña. La mujer de 34 años vive en Argentina desde hace tres y todavía se siente como extraña. De no haber conocido a su hoy marido, habría vuelto hace ya mucho a Bolivia. Desearía que los argentinos le mostraran más respeto.

Todos los argentinos son migrantes. Y viven en el país de los quechuas, aymaras y querandíes. Pero no quieren entender eso. Siempre dicen que nosotros somos los invasores, los migrantes, porque somos chiquititos y morenitos. Insignifcantes, indios, nos dicen. Bolivianos de mierda, bolitas sucias.

Cuando Shirley echa de menos su patria, se va a la habitación, escucha música boliviana y cierra los ojos.

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Me gusta mucho escuchar la música de allá porque siento que estoy en mi tierra. Aúnque estoy encerrada en mi cuartito, parecie que estuviera allá cuando lo escucho más fuerte. Me imagino que estoy allá. Siempre la escucho, pero a veces me siento mal entonces prefiero no escucharla.”

Hasta mediados del siglo XX, los inmigrantes, sobre todo italianos y españoles, pero también judíos y árabes, han marcado profundamente a la sociedad argentina. Hoy en día la situación es otra, dice Rivadeneyra. Argentina debe acostumbrarse a los inmigrantes de todas las regiones latinoamericanas: “Antes apenas venían colombianos, hoy llegan mínimo diez al día, la mayoría jóvenes adolescentes. También vienen muchos refugiados de Haití, no sólo desde el terremoto. El problema es la pobreza. A un extranjero que tiene dinero no le discriminan.

Traducción: Ralph del Valle

hasta ahora 1 comentario sobre 'Ni como putas'

  1. Roberto Frankenthal dice:

    Sehr geehrte Frau Naundorf,

    sicherlich reflektiert Ihr Beitrag ein Teil der argentinischen Wirklichkeit. Aber es fehlt mir schwer solche Analysen zu akzeptieren, aus einem Land in dem die Integration der Ausländer wesentlich problematischer verläuft als in Argentinien. Mindestens versteht sich Argentinien seit der Staatsgründung 1853 als Einwanderungsland (siehe Verfassungsprämbel wo ausdrüklich Menschen aus anderen Teilen der Welt eingeladen werden, ins Land zu kommen). Dagegen gibt es in der BRD immer noch politisch gewichtige Stimmen die behaupten “Deutschland ist kein Einwanderungsland” oder “das Boot ist voll”. Ich glaube Sie verfallen den Versuch die Verhältnisse im eigenen Land zu relativieren, in dem Sie auf die Zustände anderswo weisen.
    Trotzdem stimme ich Ihnen zu, daß ein gewisser Prozentsatz der argentinischen Bevölkerung rassitische, antisemitische oder einfach minderheitsfeindliche Ideen hat.