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Las Vegas - MGM © Sabine Scho

Por el cómo sale uno del departamento donde  vive y del barrio en el que habita, uno puede hacerse una idea de la naturaleza y forma de ser, que yo comparo con los animales del jardín zoológico.

Walter Benjamin

Los zoológicos son interfaces, en los que la vida de unos con la vida de otros engendran especies. Su distribución refleja el cómo se entiende una sociedad, que redefine una y otra vez su espacio en la evolución.

Una visita al zoológico ya no exige de nosotros esa copia de un orden simbólico, como la que encarnaba la Menagerie de Luis XIV. Su constructor: Luis Le Vau ordenó las jaulas en lo que podrían llamarse balcones, que correspondiendo a la idea absolutista del poder hizo apuntar concentricamente al campo de visión del Rey Sol.

Guardar la justicia nos construye hoy más que la hegemonía construida. Nos mueve un hambre de cultura que no es positivista, buscamos antes en el paisaje reservas para nuestras ansias. Así se ha invertido la idea de zoológico: construimos artificialmente en detalle lo que destruimos en grande.

Grandes superficies abiertas substituyen a las jaulas y juntan asociaciones de vida de distintas zonas climáticas.

La idea de las superficies abiertas no es tan nueva, si uno recuerda a Carl Hagenbeck y su utopía de un zoológico sin rejas que pudo realizar en Stellingen, cerca de Hamburgo, en 1907. Hagenbeck, que empezó como vendedor de pescado en St. Pauli, que ganó su dinero como tratante de animales, que se hizo famosos con los tours en todo el mundo con sus Völkerschauen (exposiciones coloniales a principios del siglo XX que exhibían a personas provenientes de pueblos indígenas y africanos, a menudo en los zoológicos) así como con su circo y sus panoramas portátiles, entendió muy pronto en qué dirección se desarrollaría el entretenimiento del zoológico del siglo XX: Condiciones paradisíacas.

En el zoológico no existen tránsitos fluidos. Las selvas tropicales se encuentran directamente al lado del frigorífico pingüino con ambiente glacial,  puede irse desde la piscina marítima a través de una puerta doble de cristal hasta el desierto, que reproduce el cotidiano de sus habitantes y zambulle a los visitantes en la oscuridad del medio día.

El zoológico no solamente corre las fronteras entre personas y animales, normalmente también las pone entre los animales, ya que los hábitos alimenticios interfieren finalmente en la proyección del paraíso, que no debe convertirse en una arena -como en la antigua Roma-.

Las Menagerien son lugares teatrales, no menos monumentales que los teatros, las iglesias, los templos, arenas o mausoleos. Un recorrido definido, perspectivas calculadas, ángulos de visión, plataformas panorámicas, todo lo que hasta el día de hoy se contempla en la arquitectura de un Zoo.

Con la primeras Menagerien ya se practicaba lo que mucho después definiría el termino como: Globalización. Animales exóticos fueron siempre regalos traídos por visitantes para reyes y emperadores y servían para representar.

Su sentido de representación esta probado otra vez hoy en día, cuando MGM mantiene una pequeña población de su animal emblemático en la pecera de cristal del corredor de un casino, en un hotel de Las Vegas.

El zoológico sigue siendo una edificación desgarrada, sensacionalista y dividida a partes iguales. El escenario del ansia humana, intercalado en una urbanidad destinada a hacernos olvidarla, aunque sea la que lo hace posible.

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