Tschechow – Los Superdemokraticos http://superdemokraticos.com Mon, 03 Sep 2018 09:57:01 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.8 TEATRO http://superdemokraticos.com/es/themen/burger/theater/ Wed, 18 Aug 2010 07:20:27 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=857

Afiche por "Las nenas de pepe" de Gabriel Calderón.

Mi vida es el Teatro. No creo que haya manera más dramática, melodramática, cliché, de empezar una nota. Pero lo es. En el sentido más profundo del término. A los 18 años, decidí que me iba a dedicar al teatro y a partir de ahí, mi vida no ha dejado de cambiar. El teatro no es lo que yo hago en mi vida, sino que es mi vida en si. Me levanto y me acuesto pensando y actuando en las coordenadas del teatro. Vivo la ciudad, el país, el mundo, a través del lente teatral con el que he decidido vivir. Yo hago teatro y el teatro me hace. Es un poco pedorro, facilista y barato, pero es así.

Puedo determinar cambios en mis pensamientos y actitudes cotidianas en función de lo que pasa en mis ensayos o en una obra. Soluciones escénicas que muchas veces se traducen en soluciones a problemas en otros aspectos de mi vida y viceversa. Cuando estoy bien en mi vida hago un teatro mejor y cuando estoy en un mal momento no hago más que generar pésimas relaciones en mis procesos creativos. No creo que esto sea algo universal a todo creador, sino simplemente algo que me pasa a mí.

No hago teatro para que a todo el mundo le guste, es más, trato de generar diferentes gustos, promover diferencias, intensificar las que ya existen en el público. No me hago el loquito porque como todo el mundo, yo también quiero que me quieran. Pero no lo hago en el teatro. Heiner Müller decía que el público ya entraba a la sala con grandes diferencias entre ellos y que no tenía ningún sentido que el teatro tratara de hacerlos pensar igual. Que eso sería fascista y yo concuerdo.

Me gusta el teatro que acrecienta las diferencias, como me gustan la democracias que se basan en las diferencias de sus ciudadanos y no en sus similitudes. Creo que una democracia que trata de trabajar con las similitudes, oculta y desplaza las diferencias. Por eso, últimamente hemos tenido que volver sobre el trabajo de la tolerancia y la diversidad. Porque no somos todos iguales y no todos debemos ser tratados con igualdad. Hay gente más vulnerable que uno, mas expuesta, mas débil. Y por el contrario la hay mas fuerte, poderosa, sólida.

El teatro es en su esencia las relaciones que establece, tanto entre los elementos poéticos de la escena (actores, vestuario, luz, escenografia, música) como con el espectador. Así veo cada vez al mundo que me rodea, me defino y defino mucho de lo que siento y pienso, por las relaciones que establezco. Si pertenezco a un grupo de relaciones por ende de personas, todo aquel que no pertenece a ese grupo de relaciones se siente expulsado del ese mundo, luego crea una ideología y una argumentación para definir porque es malo pertenecer a mi grupo de relaciones.

Pertenecer a un sistema de relaciones, he aquí uno de los deseos más potentes del mundo. Todos queremos pertenecer a un grupo, a una clase, a una compañía, a un sector. Y es en base a pertenencia o no, que muchos construyen su sistema de creencias y valores. He visto cientos de personas hablar mal de otro grupo por el simple hecho de no pertenecer a ese grupo. En el teatro pasa todo el tiempo, se habla mal de una obra porque no se pertenece a ella o se habla mal de un director porque nunca lo llama a uno para trabajar. Lo interesante consiste en observar como lo que empieza por una emoción, un resentimiento, se convierte inmediatamente en argumentación de rechazo hasta que uno llega a decir que no trabaja en un lugar o no está en tal obra porque no está de acuerdo con… bla.. bla pero el tiempo demuestra como las argumentaciones en función de convicciones débiles, hacen que muchos terminemos trabajando, haciendo o creando algo que en el pasado renegamos. Y no se trata de transar con el sistema, ni aflojar, se trata de no construir falsos pilares argumentativos que se basan en sentimientos y no en pensamientos acertados.

Lo mismo he visto en mi vida, gente hablando mal de un lugar porque nunca los invitaron, personas argumentando en contra de una cultura porque simplemente no es su cultura, en algún punto es como si la existencia del otro atentara contra mi propia existencia por el mero hecho de existir. Ya lo decía Chejov: por qué se empujan si hay lugar para todos.

Me gusta que mi teatro (si es que existe algo así) produzca enojos y disgusto en el público. Que se peleen conmigo y con sus propias creencias, entre ellos y con sus ideas. El desafío no es hacer buen teatro, hacer buen teatro – el que gusta, entretiene, calma- es fácil y hay cientos de circuitos que hacen un negocio de ello. El verdadero desafío consiste en hacer un teatro que nos perturbe, nos conmueva, nos moleste, nos motive a repensar todo… todo. Un teatro del que dudamos como dudamos de nosotros mismos. Un teatro que nos remueva las raíces mas profundas de nuestras convicciones. Un teatro que nos haga salir de la sala enojados – no por aburrimiento- sino por desacuerdo. Un teatro que discuta con nosotros como espectadores y no que acuerde. Teatro, vida, teatro, vida.

“El resto es silencio”

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Soy algo así como http://superdemokraticos.com/es/laender/uruguay/ich-bin-so-etwas-wie/ Sat, 12 Jun 2010 10:10:11 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=193 Y acá va una forma de presentarse que ya me llena de dudas. Toda presentación es una idea errónea y verdadera sobre sí mismo. Asi que podemos decir y dudar al mismo tiempo que mi nombre es Gabriel Calderón y que vivo en Montevideo, Uruguay, dónde soy director de teatro, dramaturgo, actor y lo que pinte. Lo que pinte no porque me da lo mismo todo, sino porque en primer término uno no le hace asco a nada, aunque no me gusta comer pescado y sí le hago asco, pero si de trabajar se trata, allí voy. El tiempo y la autocrítica van diciendo si el camino es el correcto o no. Ya me aburrí, me cansé, esta presentación se está cayendo a pedazos, varios ya han dejado de leer, de leerme, incluso yo ya me cansé de leerme, estoy escribiendo sin leer lo que pongo, un pecado mortal, una mentira. Así que soy algo como esto y a la vez, no.

Tengo 27 años y crece año a año, pero como dice Chejov “soy un viejo de 90 años en el cuerpo de un joven” es una postura, un personaje más que una verdad, pero con el tiempo la postura impuesta se ha convertido en mi verdadera postura natural y el personaje se come poco a poco a la persona y ya no sabemos si el joven tiende al viejo o el viejo tiende al joven, no sabemos si aquel joven calderón se hace el viejo o este calderón viejo agarra posturas de joven. Algo puedo decir, me gusta mi país y adoro vivir en él. No es una postura patriótica ni nacionalista, pues no creo que mi país sea el mejor lugar para vivir ni que el ser uruguayo sea una ventaja o un mérito, todo lo contrario, creo que el que nació acá está bastante cagado por la suerte, pero en mi caso, es lo contrario, para mí es una suerte, yo estoy contento, para decirlo de alguna manera, no me conforma pero me satisface, podría vivir así un buen rato. Este país es una rareza, un experimento, un proyecto. A alguien se le ocurrió que debería haber un país, que no éramos lo mismo que Brasil y Argentina y allá se mandaron, y las hordas de historiadores saltan en coro a decir que ser uruguayo es una identidad muy importante, que no somos lo mismo, que no somos un accidente. Pero que querés que te diga, no niego la voluntad y el idealismo que movió el nacimiento de este país, pero tampoco me deshago del todo de la idea casuística y accidental, la sensación de que hay mucho de accidente, lo digo mientras miro un noticiero argentino por mi tele uruguaya y por la calle pasan una serie de personas formadas en una cuerda de tambores que repiquetean toda la tarde del domingo. Aquí estamos, en un pequeño pedazo de tierra del mundo, en paz, tratando de entender que tenemos de diferentes mientras nos reconocemos iguales a todos; arquitectura europea, sangre charrúa, cultura afrodescendiente, ideales franceses, italianos, televisión americana y asi el mundo de la globalización se mete a más no poder adentro de mi cama y de mi cara. Y sí, soy así, soy esto y todos los días cambio un poco, mucho, algo y algo, hacer algo, pensar algo, crecer algo, se vuelve tan importante… como dice un cantante uruguayo llamado Fernando Cabrera “Lo poco que hagamos vale cortar la nada”.

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