sexo – Los Superdemokraticos http://superdemokraticos.com Mon, 03 Sep 2018 09:57:01 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.8 El rosa no está en ti http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/rosa-steht-dir-nicht/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/rosa-steht-dir-nicht/#comments Thu, 12 Aug 2010 07:06:41 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=667 Las responsabilidades que se les otorgan a las mujeres frecuentemente rebasan de largo a las de los hombres. Visto desde la atalaya -como si yo fuera aquí y ahora un hombre-, no querría ser una mujer de ninguna de las maneras. Pero si una es una mujer y analiza estas altas expectativas con distancia y al mismo tiempo, resulta absolutamente imposible querer ser un hombre.

No obstante, envidio profundamente la generosidad de los hombres hacia sí mismos y hacia los demás hombres. Envidio sobre todo la amistad masculina. Dos hombres, que a lo mejor son dos fracasados en la vida, que todavía pueden estar sujetos a perversiones y que asimismo se muestran sin afeitar y con sobrepeso, pueden simplemente salir a pescar algo sin evaluar ni dar lecciones a los demás. Al contrario, encuentran una tolerancia tal hacia el otro que no ven necesario afeitarse ni enmascarar los kilos de más bajo un jersey ancho. Y cuando uno de ellos pierde el trabajo, el otro le echa una mano, comprensivo. Los hombres tienen comprensión por el otro. No necesitan esforzarse por el otro, y si deben esforzarse por algo, entonces, por las mujeres.

Claro que algo así también se da recurrentemente entre mujeres, pero no es la norma general. La mayoría de las mujeres compiten mucho más intensamente entre sí. Sólo un ejemplo de los cientos que podría poner como testimonio, uno de mi beca en la Universidad Lomonossow de Moscú: convivía en una habitación con una agradable suiza de la que me había hecho amiga en las semanas previas. Antes ella era muy amiga de una compañera mutua. Le pregunté por qué no compartían ellas la habitación. Me contestó que no soportaba sus piernas sin depilar. Tras llevar un mes en la misma habitación, me hice amiga de una estudiante de Derecho de Kazajistán. Como cada vez pasábamos más tiempo juntas, hablamos de la posibilidad de alquilar una habitación las dos, pues ella también tenía que aguantar las miradas agobiantes de su compañera de habitación. Sobre mis experiencias en un piso compartido por mujeres en Roma no tengo mejores experiencias que contar.

Aunque también se pueden decir unas cuantas cosas sobre los hombres, pero la autotolerancia es poco ginacológica y probablemente depende del porcentaje de testosterona en el cuerpo.

Traducción: Ralph del Valle

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La ciudad como cuerpo y como chiste http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/die-stadt-als-korper-und-witz/ Tue, 03 Aug 2010 14:31:05 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=565

Yo como un niño en la ciudad.

• Voy por la calle dentro de un taxi observando el cuerpo de las personas que caminan por la ciudad. Observo si sus cuerpos se adaptan a Montevideo o si es Montevideo la que se adapta a sus cuerpos. Voy acurrucado en la parte trasera del taxi porque soy grande, mido un metro con noventa, y en los taxis de Montevideo hace varios años se ha instalado una mampara protectora que separa al chofer de los pasajeros por temas de seguridad. Para los grandes, como yo, es muy difícil viajar en un taxi ya que siempre tenemos que ir de costado porque en posición normal nuestras rodillas chocan con la mampara. Si el taxi frena de golpe, nos golpeamos la cara contra la mampara. Si el taxi choca, es muy probable que nos rompamos un diente o nos fracturemos algún huesito de la cara. Los taxis montevideanos no están hechos para los cuerpos montevideanos.

• Desde el taxi veo los hábitos de circulación de los cuerpos montevideanos en relación a la ciudad. Me fijo como nos movemos entre las venas de esta capital, como se cruzan los ciudadanos en sus arterias principales, como se aglomeran en sus espacios abiertos, como chocan contra sus huesos, como doblan en sus articulaciones, como se esconden en sus agujeros. Si mi ciudad fuese un cuerpo, ¿qué parte de la ciudad sería el sexo?

• Primero pensé que serían los hospitales. Allí nacen los niños, allí se mezclan los líquidos enfermizos de la gente, allí mueren, allí nacen, allí empiezan y terminan las grandes masas de ciudadanos. Pero después me doy cuenta que el sexo es más que eso, que necesito buscar qué parte de la ciudad se reproduce, se enfiesta, goza de si misma. Si quisiera ser hipócrita, diría que el sexo de la ciudad se encuentra en cada cama de nuestros hogares… mentira!

• Uruguay tiene una enfermedad terminal desde el punto de vista de la reproducción. Su población no crece y ya de por si es muy pequeña, sus pocos jóvenes migran tempranamente. Somos escasos tres millones y medio de personas, y parece que no tuviésemos las ganas suficientes como para crecer. No da para plantear una imagen de país en donde las camas son una fiesta. No, las camas de este país son más para dormir que para otra cosa.

• Sin embargo cojemos y nos reproducimos y nos enfiestamos, pero no somos muchos, es más, somos bastante pocos, pero estamos uniendo adeptos, estamos evangelizando ciudadanos. Me incluyo porque siempre voy a estar en el sexo de la ciudad, lo prefiero mil veces a sus brazos trabajadores, a su cabeza innovadora o a sus pies ágiles. Siempre busco el sexo de mi ciudad, ese acceso a lo escondido, al placer, al exceso, lo obsceno, la bella perla milagrosa en medio de lo sanguinolento y mugroso. Hay que meterse en el río para encontrar las pepitas de oro.

• Mi ciudad es un cuerpo viejo y nosotros somos viejos en la ciudad. Somos un país joven – todavía no cumplimos doscientos años que igual ya estamos festejando aunque nos falte oficialmente unos veinte años- pero estamos muy viejos. Así me presenté yo al inicio de todo este juego de escritura como hace 5 ensayos atrás. “Soy un viejo en el cuerpo de un joven” y lo mismo le pasa a la ciudad. Su estado natural es el de la lentitud, la tristeza y la nostalgia. Al menos así lo sentimos… sentíamos…

• Algo está pasando: una suerte de Benjamin Button a escala país- ja, sé que la comparación es espantosa pero no me logro acordar del otro libro más culturoso que trataba de la misma historia- . La ciudad y su gente, a medida que pasa el tiempo, han empezado a rejuvenecer. No estamos ni cerca de ser niños, ni adolescentes ni mucho menos jóvenes treintañeros. Pero hay una brisa de adultez que está recorriendo los suelos de nuestra patria. Como si derepente hubiésemos pasado de los 70 años a los 50. Entonces queremos coger un poquito más, tenemos alguna esperanzas y expectativa de vida, de que nos queda un tiempo por delante, hasta nos animamos a jugar un partiditos de futbol y ganarlo si un milagro nos ayuda!

• Algo está cambiando, Uruguay ha salido de la vejez y entro en la madurez, con un poco de suerte se cumpla aquel chiste de quino. Tal vez Uruguay sea aquel chiste. JA! Ojalá.

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La vida según Quino

… Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez.

Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.

Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.

Luego fiestas, parrandas, alcohol. Diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria…

Después pasas a la primaria y eres un niñ@ que se la pasa jugando sin responsabiliddes de ningún tipo…

Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo…

¡¡¡ESO SÍ ES VIDA!!!

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Pienso, luego existo http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/ich-denke-also-bin-ich/ Wed, 28 Jul 2010 07:17:50 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=529
El Mejunje, Santa Clara

El Mejunje, Santa Clara. Image by slosada via Flickr

¿Qué te gustaría ser, un hombre o una mujer? Así dice la pregunta. Parece fácil, pero por supuesto no lo es. Nada es fácil de responder en torno al tema de género. Los argumentos que hacen parecer fácil dicho tópico son precisamente aquellos que contribuyen a una arbitrariedad tal que los acerca a la discriminación, por un lado, y a la codificación de un rol estándar  -basado en el prejuicio cultural y/o el esencialismo biologicista-, por el otro.

La pregunta en sí misma implica una serie de metainterrogantes que parece necesario responder al unísono. Por ejemplo, subyacente está el “te” inicial: señala nada más y nada menos que el supuesto de una identidad predefinida, lo que da ganas de acercarse al espejo y preguntar: Tú, ¿quién eres? La segunda palabra que llama mi atención es el verbo “ser”. Mi incomodidad aquí deriva de la propuesta implícita de una mudanza permanente, o en su lugar, de una permanencia de por vida. ¿Y tengo que decidirlo hoy?, o podría decidir tan sólo por ahora, este minuto en el que escribo, este minuto en el que soy frente a la página. Prefiero tomar por certera la segunda opción. ¿Quién puede saber de qué tendré ganas cuando me levante de este escritorio? (Vuelvo a acercar mi imagen al espejo.) ¿Acaso tú?

Cuba en disputa: la isla sin género

En Cuba, como en otros países de Latinoamérica, para muchos todo este rollo del género es una teorización abstracta acerca de las diferencias entre sexos, puesto que, claro está, género no es otra cosa que sexo, y por tanto, estamos hablando del consabido binomio hombre/mujer. Fuera de esto, no hay más que perversión, enfermedad o ciertas víctimas de (inciertas) malas influencias. En tal discurso persiste la discriminación a la mujer, y la rigidez del rol que experimenta el hombre y que ha sido develada recientemente gracias a los estudios de la masculinidad. Soy mujer, bisexual –que es peor que ser lesbiana para los ortodoxos de lo heteronormativo-, y debo aceptar que no se trata de víctimas y victimarios. Al menos no a modo general, y plantearlo de esa forma no nos lleva muy lejos. Los hombres, esos “privilegiados”, sufren bastante en la estrechez de su rol. Entonces no, no quiero ser hombre, ni ahora frente a esta página ni mañana, creo. Por suerte no tengo que decidirlo hoy mismo, ya que puedo cambiarme de sexo cuando guste. Esta posibilidad sólo la tengo en Cuba desde 2008, antes de eso, debo decir, estaba terminantemente prohibido.

Tras años de demandas silenciosas, recién se aprueban las operaciones de cambio de sexo pero sigue sin reconocerse la multiplicidad de género. Es decir, en mi país sólo tengo dos opciones, ser hombre o mujer. Se supone que estas son las dos maneras “naturales” del ser humano. El género es una construcción cultural, pero el sexo ¿acaso no lo es? Judith Butler se encargó de explicar que sí, que también es construcción, y que el género se expresa mediante diversas posturas asumidas en sociedad. La posibilidad de un sexo híbrido y de un cambio de sexo en la mesa de operaciones hoy en día es aún más elocuente. De manera que la frase célebre puede tener finalmente otra lectura en el siglo XXI. No soy (en cuanto al sexo, al género, pero tampoco en cuanto a identidad latinoamericana, cubana o la que se quiera) un ente natural: pienso –camino de la mesa de operaciones y comiéndome un sándwich-, luego –al salir del hospital para ir a encontrarme con mis amigos- existo.

Mi país sólo permite dos sexos y dos géneros, pero en mi mente, y en esta página, mis opciones son más de tres. Hoy quisiera ser… a ver… déjame pensar…

Judith Butler para principiantes

Miss travesti 2010, Santa Clara, Cuba

Tema de Gente de Zona -grupo de reguetón que está de moda en Cuba- sobre la preferencia sexual (recomiendo los comentarios al video)

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Ahora que nos hemos convertido en cybors http://superdemokraticos.com/es/editorial/wir-haben-uns-schon-in-cyborgs-verwandelt/ Sun, 25 Jul 2010 13:27:06 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=531 Cuando pensamos los temas que queríamos proponerles a nuestros autores para conocerlos mejor, nos pareció importante referirnos al cuerpo de carne y hueso, que es la instancia primaria de la ciudadanía. Donde el sujeto ve limitada o no su libertad y donde el libre albedrío es puesto a prueba. Los Estados norman y regulan a través de la educación y las leyes nuestro comportamiento fisiológico. Ese comportamiento a su vez, es la expresión más plástica de los valores de una civilización, ya que es el que define los estándares de lo que debería ser el amor, la reproducción, la religión, la vida.

Al formularlo partimos de la idea cristiana de que el cuerpo es un recinto, un espacio habitado por el espíritu, es decir un territorio en el que hoy por hoy son los Estados los que deciden sobre los derechos sexuales, si podemos beber o no, fumar o no, comer o en qué medida el color de nuestra piel es determinante para el ejercicio de nuestros roles de género en una sociedad determinada. ؟cómo se viven las diferencias?

؟Qué papel juegan los nuevos medios de comunicación y las nuevas tecnologías en las identidades sexuales de las personas? ؟O por qué la salud del contribuyente es la única opción de hacer política que tienen muchos partidos en época de crisis? Si estos cambios se expresan en leyes, ؟cómo afectan la convivencia cotidiana? ؟La muerte es un derecho constitucional? ؟Cómo coexiste la dicotomía entre hombre y mujer con la posibilidad técnica del transexualismo? y en qué medida: el travestismo no es una opción estética generacional.

Los que tenemos menos de cuarenta años podemos construir nuestra identidad o saciar nuestra curiosidad por Internet, buscando en los foros lo que nos da placer, cosa que constituye un quiebre profundo en el discurso de la intimidad. Quizá para nosotros sea más importante ser un cybor, que un hombre o a una mujer y habrá quién sienta respeto por los fumadores suicidas. Los desnudos de esta sección de nuestro álbum de fotos están pensados para observar en qué medida nuestras sociedades nos permiten ser los sujetos que libremente hemos escogido.

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La batalla de los sexos http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/kampf-der-geschlechter/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/kampf-der-geschlechter/#comments Sun, 25 Jul 2010 07:00:49 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=519

De un reportaje de moda bajo el tema de la Caperucita Roja. Foto: Javier Badani

¿Qué te gustaría ser: un hombre o una mujer? “Vaya preguntita”, me suspiraron al oído mis testosteronas. Y cuestionaron: “Oye, ¿te imaginas cada noche pintándote las uñas de los pies o depilándote las piernas cada vez que se pinte una cita? ¿No tener más opción que hacer cola en la puerta del baño? ¿Tener que esquivar siempre la mirada de la tía que te cuestiona tener 35 años y seguir soltera aún? ¿Estar obligado a usar cada mes paños con alitas o saber que el tamaño de tus tetas serán un factor decisivo en una entrevista de trabajo? Ni hablar, hermano, lo mejor es ser hombrecito”.

Buen análisis, les respondí.

Pero inmediatamente un par de estrógenos salieron al ataque. Llevaron hasta mi memoria la foto de aquel día en que mi abuela disfrazó a mi padre de mujer. Él tenía unos seis años y terminó posando para su cámara con una peluca negra y una elegante enagua blanca. ¿Sonreía acaso él en aquella fotografía…? Creo que sí. Y luego los estrógenos argumentaron: “Te imaginas ¿no estar obligado a que te guste el fútbol para encajar entre tus amigos ni tener que golpear a otros para que te respeten? ¿No tener que estar afligido por saber si tu pareja tuvo o no un orgasmo o por el tamaño de tu sexo? ¿No tener que esquivar siempre la mirada del tío que te cuestiona tener 21 años y seguir virgen aún? ¿Estar seguro de que te puedes cambiar el color del pelo o ponerte un arete en la oreja sin el temor de que por ello te califiquen de homosexual? ¿Qué tal, no ve que no hay nada mejor en el mundo que ser una mujer?”

Buena exposición, les señalé.

De pronto testosteronas y estrógenos se enfrascaron en una discusión sin cuartel. El campo de batalla era mi cuerpo en construcción, esa pequeña masa de líquidos cobijados en el vientre de mi futura mamá; un nuevo ser que deberá enfrentarse a la vida bajo la piel de un hombre o de una mujer. “¿Cuál de los dos, entonces?”, me pregunté. “¿Acaso no basta con declararse simplemente un ser humano?” Claro que no. Hombres y mujeres están inmersos en una lucha por la dominación mutua. Unos, los hombres, con una ventaja de siglos y bajo el escudo de un machismo retrograda que ha sido fomentado desde el comienzo de los tiempos y sacramentado por las religiones como, por ejemplo, la judeocristiana donde la mujer siempre fue y será un ser inferior. Del otro lado, las mujeres que buscan conquistar espacios con su talento, pero que no dudan en enmarcarse en los preceptos del machismo más secante de la sociedad cuando así les conviene.

Testosteronas y estrógenos siguen en la refriega. Y yo concluyo que esta es una discusión maniquea, cuya respuesta nunca tendrá resolución; porque así como hay hombres malos igual hay mujeres malas; porque así como hay hombres capaces igual hay mujeres capaces.

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La maravillosa hepatitis breve de Litoscar Vzz http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/die-wunderbare-kurze-hepatitis-von-litoscar-vzz/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/die-wunderbare-kurze-hepatitis-von-litoscar-vzz/#comments Fri, 23 Jul 2010 06:40:23 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=514 Descubrí el verdadero significado de intimidad una noche, echado en la cama, mientras pensaba en la chica de la que estaba enamorado, una fresita de Monterrey que manejaba un Fiat color vino. Año: 2004. Música: A ghost is born. Wilco se habían convertido en el soundtrack de mis momentos de solitud. Diagnóstico: hepatitis b. Debía guardar reposo: como embarazada con amenaza de aborto. Intentaba leer Glomurama de Bret Easton Ellis pero no conseguía concentrarme. No podía recordar dónde había levantado la maldita enfermedad. ¿Pistas?: 3.

Primera: Aquella caguama que nos pasamos de mano en mano en el lote baldío. Alguien pidió un vaso. La raza, esquinerota, tiro de jilo al delicadito. ¿Y si nos transmitimos alguna madre? insistió. El güey más bule de todos soltó: el que tiene defensas ya la hizo, el que no: ya se chingó. Yo andaba diezmado. Mi salud siempre ha estado baldada, como “Laurence Harvey estaba baldado / en Servidumbre Humana / […] ante la belleza de Kim Novak” (Saúl Rosales dixit). Desconfío de la caguama porque uno de los Drugos, así nos apodamos, estaba más pálido que la tapa de la Sección Amarrilla.

Segunda: los tacos de suadero de la Joya. Durante un tiempo corrió la paranoia de que toda la cebolla de mi ciudad estaba contaminada con hepatitis. La noticia de San Agustín: el fuego todo lo purifica: resultó falsa. En mis ratos libres, cuando no estaba tratando de brillar, sin éxito, sobre el teclado de la computadora, sufría de afición taquera. No miento, conozco todas las taquerías de mi ciudad. En algunas hasta me fían. Sospecho de los tacos porque la orden que me tragué con un chingo de cebolla y salsa fue el principio que marcó mi debacle.

y Tercera (última): el atracón sexual que me prodigó la pequeña D. La conocí por Internet. Jamás había creído en esa patraña de la gente solitaria hasta D. Me mude a su departamento dos semanas. Esta era nuestra rutina: ella se levantaba a las 9 a. m. y se largaba a trabajar. Yo me despertaba hasta las 5 de la tarde, hora en que ella regresaba del trabajo. Volvía con un cartón de caguamas. Nos revolcábamos sobre la alfombra y comenzábamos a chelear a las 7. Ella sólo liquidaba un mísero vasito, lo que más le gustaba era la yerba. Guardaba una bolsa con dos kilos en su refrigerador. A mí nunca me vino, por lo que me sentaba a verla despachar su joint. Nos revolcábamos una vez más y ella se marchaba a dormir porque al día siguiente tenía que trabajar. Yo me quedaba despierto toda la noche hasta beberme los 12 litros de cerveza. D debió pensar que era un poquitín borracho, pero la verdad no. Jamás he considerado a la chela como alcohol. Todos los días D me surtía de cerveza. Jamás me llevó algo de comer. Y aunque considero a la cerveza alimento, algunas veces la papa no cae mal.

Mientras le poníamos yorch, D me contaba sobre las orgías en las que había participado. Se mearían de la risa si la vieran, era la cosita más insignificante del mundo, sin chichis ni nalgas, algo feíta. Pero en la cama no mami blue, se movía como una sirena cyborg. Huí de la casa de D porque había perdido mucho peso. Siempre utilicé condón, pero sospecho de D por las trancas promiscuas que se cargaba. Y porque ha sido una de las etapas de mi vida en las que he estado más desmejorado.

Así que ahí estaba yo, raza, tirado, deduciendo quién pinches me había jodido. Puedes compartir la caguama con tus bróders del alma; puedes confiar en el taquero más infecto de la ciudad; y puedes, después de hacer el amor, recibir las confesiones más pintorescas de tus amantes: “Cuando era niña mi padrastro me manoseaba, y me gustó”, pero ni el alimento para el espíritu, ni la comida, ni el apetito carnal, representan en verdad la intimidad. No importa cuántas veces veas a esa mujer desnudarse frente a ti, cuántas ocasiones te acuestes con ella: no te está entregando nada. La única, verdadera intimidad radica en el daño que se provoca involuntariamente. Con gusto hubiera besado al responsable de mi postración aquella noche.

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Gif: Carolina Niño, http://photobucket.com/

1983. Besos de lengua con Silvana del Carmen, en los columpios de su casa. Ella tiene siete años.

1984. Me salvo de ser secuestrado por una bella mujer a la que dejé entrar a casa. Se roba las joyas de mi madre y piezas de lingerie. Salimos caminando de la mano, hacia la estación. La mujer se arrepiente en el último momento y me deja atrás, sin despedirse. Vuelvo a casa decepcionado por su rechazo.

1986. Escucho sonidos sexuales en la oscuridad de mi habitación. Los identifico con un gatito tomando leche. Unas horas antes había estado hospitalizado a causa de un fulminante ataque de asma. Le digo a la enfermera que el oxígeno tiene sabor a vainilla. No me responde.

1989. Juego al Atari y salto por los tejados del vecindario. En el colegio las niñas me eligen como el galán para acompañar a la representante de la clase en la elección de “Madrina del Deporte”. Ella se llama Marianne y estoy enamorado. Por las noches conduzco sueños lúcidos en donde siempre terminamos casándonos. Mi padre discute con mi madre antes del evento de belleza infantil. Mi madre asegura que siempre me eligen por mi estatura. Mis vecinos ya juegan al Nintendo.

1992. Un sábado por la mañana recibo la visita inesperada de mi primo. Se ha enterado de que por fin tenemos videocasetera y me inicia en el mundo del porno audiovisual. Gano popularidad, mejora mi reputación en la cuadra. Rosa trabaja ayudando en casa, me cae muy bien. Me gustaría Rosa si no le faltara ese par de dientes incisivos. Un par de amigos de la cuadra no se fijan en minucias: dan un salto cuántico en relación a mí y a mi pornografía. Antes de dejar la casa, Rosa se practica un aborto a partir del menjunje hervido de unas hojas.

1993. Posters gigantes de Nirvana en mi habitación. Paso de la virtualidad al desierto de lo carnal.

1996. Represento a la “voz lívida” en una obra de Brecht. Me fascina porque me maquillan como a Brandon Lee en El Cuervo. Cierta noche de septiembre me encuentro a uno de mis profesores, un sacerdote, en un night club. Al final de año las guerrillas y el gobierno firman la “paz firme y duradera”.

1998. Damos un concierto con mi banda y otras, en apoyo a las víctimas del huracán “Mitch”. Para entrar, la gente debe llevar una bolsa de maíz, o de frijoles.

1999. Viajo a Nicaragua, a los festejos del XX aniversario de la revolución sandinista. Tengo una epifanía en la frontera. Mi novia me exige a los gritos que le prepare un sándwich porque se muere de hambre. Hago tres de jamón y le doy uno al mendigo que se había acercado a pedirnos dinero. El mendigo le da la mitad de su pan a su perro. Al volver a Guatemala, terminamos la relación.

2000. Experimento a diario en Los Sims, videojuego de estrategia y simulación social. Me hago adicto a Prehistorik 2. Compro en La Habana una preciosa edición de Cuentos completos de Edgar Allan Poe, traducidos por Julio Cortázar.

2002. Rento un apartamento en la Calzada Roosevelt. Vivo con mi perro, Rilke. Mucha fiesta. Escucho con insistencia el disco Sub, de Bohemia Suburbana.

2003. Por pudor, no puedo contar nada de lo sucedido este año.

2005. Agarro fuego durante una fiesta de nuestro edificio en la Rue d’Alésia en París. Me había sentado muy cerca de unas velas aromáticas. No sufro quemaduras, pero quedo desnudo frente a todos. Muchos se ríen, señalando con el dedo. Mi novia me invita al concierto de R.E.M en el Palais des sports. No la quiero acompañar al de Tori Amos. Leo en Internet que la tormenta Stan borra del mapa a la aldea Panabaj.

2006. Surfeo la realidad entre abortos espontáneos, depresiones tremendas, fiestas almodovarianas y las maravillas del Renacimiento florentino.

2008. Durante mi visita a Medellín me dejo orientar por un Virgilio local, inventor de un paseo por la ciudad llamado “antropología de la muerte”. Lectoras de poesía me dejan papelitos por debajo de la puerta del hotel Nutibara. Creo un perfil en Facebook. Atravieso Francia a bordo de trenes de alta velocidad. Vivo un sabroso final de año en las playas de Copa Cabana. Ahí se me ocurre la idea de un libro sobre mujeres mexicanas y centroamericanas que viajan al Brasil a cazar a sus maridos fugados.

2009. Comienzo a investigar sobre la cirugía que debí hacerme hace mucho. Descubro que puedo optar por una prótesis. Participo de lecturas de poesía en Second Life y transformo mi adicción por el chat de Gmail en una herramienta de escritura. Veo cumplidas varias de mis fantasías sin proponérmelo. Meto por error mi pasaporte a la lavadora. Sale desleído, como si jamás hubiese volado. Termino el año vagando como un zombi por la calle Guatemala, de Buenos Aires.

2010. Ajusto al máximo la configuración de privacidad para mi perfil en Facebook.

Gif: Carolina Niño

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Vasos sucios, ceniceros llenos http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/schmutzige-glaser-volle-aschenbecher/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/schmutzige-glaser-volle-aschenbecher/#comments Tue, 20 Jul 2010 15:00:37 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=490

Yo tenía un profesor de Derecho que había estudiado en Alemania y por lo tanto, tenía la idea de que era más bien profesor de Filosofía. Con él nos tocó estudiar el concepto de la intimidad, como un círculo imaginario a nuestro alrededor en el que sólo dejamos entrar a quien queremos. Ese círculo yo me lo imaginaba como una pequeña fiesta con tragos y música, en la que estamos todos desnudos y vamos al baño con la puerta abierta. Mi profesor decía que ese círculo invisible, pero poderoso, es lo que nos protege de la mirada insolente de los otros y nos da entre otras cosas el derecho a que nos dejen en paz. Es decir que en cualquier momento yo podría cerrar la puerta y decirle a todos los de la fiesta que se pusieran la ropa y se fueran.

En la intimidad sabemos sin hablarnos, y a veces sin mirarnos. Más que saber, adivinamos, y nos movemos a una distancia tal que nos permite todavía sentir el calor de la piel del otro. En la intimidad no tenemos miedo de nada, y mucho menos del otro. Dentro de ese círculo damos por ciertas algunas cosas que el resto del mundo jamás comprenderá.

Pero la intimidad también significa estar solo, darse espacio sabiendo que tarde o temprano volveremos a tocarnos. No negar la existencia de esa parte de mi que nunca te voy a dar, los detalles que nunca te voy a contar, el silencio que todavía existe entre vos y yo.

No se si era la juventud, o es el país de donde vengo, pero me parece que la intimidad estaba mucho más disponible, lista para tomarla entre las manos. Tuve amigos instantáneos, confianzas inmediatas, llegábamos a visitar sin llamar y abríamos la puerta de la refrigeradora para ver qué había. En cuestión de días podíamos hacernos amigos íntimos y contarnos cosas de enorme potencial destructivo. Por otra parte, siempre fue difícil mantener cualquier cosa en la vida privada, imposible mantener nada oculto, ni los superhéroes pueden con sus identidades secretas.

En Inglés, tener relaciones íntimas significa tener sexo, lo cuál siempre me ha dejado perpleja puesto que tener sexo con alguien es algo que se consigue mucho más rápido que hacer un amigo. En la ciudad donde vivo, o quizás a la edad que tengo, me parece que la intimidad se construye más despacio, la confianza se gana, el placer de verse se dilata por años, las amistades son profundas y a prueba de tormentas pero se forman a partir de mensajes cortos y la repetición de las mismas horas.

A veces extraño una forma y a veces la otra. A veces me gustaría poder volver a enamorarme de cualquiera que pasara por la calle y contarle todos mis miedos. A veces me gusta ir descubriendo cómo, a fuerza de hablar de las mismas pequeñas conversaciones sobre el trabajo y la política, alguien se me ha vuelto imprescindible.

En la confusión de la mudanza, mi círculo de la intimidad se ha reducido a su expresión mínima. La fiesta se ha acabado y han quedado los vasos sucios y los ceniceros llenos. La música cada vez suena más bajito y en un rincón estamos sentados dos o tres, viendo el amanecer.

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