intimidad – Los Superdemokraticos http://superdemokraticos.com Mon, 03 Sep 2018 09:57:01 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.8 Pedazos de cuerpo http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/espanol-pedazos-de-cuerpo/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/espanol-pedazos-de-cuerpo/#comments Fri, 13 Aug 2010 08:02:21 +0000 http://superdemokraticos.com/espanol-pedazos-de-cuerpo/

No siempre entiendo a mi cuerpo. En la adolescencia le prestaba casi toda mi atención a los traumáticos cambios que estaban convirtiendo, sin preaviso ni mi consentimiento, mi cuerpo en una entidad misteriosa y que yo no alcanzaba a controlar. También se daban otros cambios, invisibles, pero yo no les hacía demasiado caso. Luego de tanto terror un día empecé a tener la esperanza de que en algún momento los cambios cesarían y que mi delgado cuerpo se haría atlético. Sigo esperando.

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Cuando descubrí que también mi cuerpo era un espacio para la expresión comencé a tratar de alterarlo y revestirlo de sencillas prótesis para decir cosas que no me atrevía verbalmente. Y sobre todo, hacer de mi propio cuerpo un templo dedicado a venerar la juventud (el Ferdydurke es mi héroe). Pero el cuerpo es un reloj caprichoso y los espejos no mienten.

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El esternón hundido, las piernas muy delgadas, la nariz de boxeador, el mentón partido, los brazos demasiado largos, lunares y cicatrices varias. Un mínimo espacio imperfecto en el que legislo yo.

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Quería invertir la recomendación mens sana in corpore sano. Cultivar mi “mente” para perfeccionar el cuerpo. Ejercicios mentales que fortalecieran mis músculos. Con el tiempo descubrí que el cuerpo habla por su cuenta y dice lo que quiere: habla con la voz fuerte del deseo.

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Cuerpos locos en mentes perturbadas: veo La Mosca de Cronenberg como una adaptación libre y actualizada de La Metamorfosis de Kafka.

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En este mundo dualista ningún alma logra saltar sobre su cuerpo. Nadie entiende del todo su propio escenario de las pulsiones, su territorio de la enfermedad, su archivo incontrolable. Víctimas y verdugos del dolor y del placer, víctimas de somatizaciones colectivas.

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Cutters, autopornógrafos, transformistas: reos en la estrecha prisión del cuerpo.

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En la adolescencia pensaba que algún rato mi cuerpo iba a alcanzar su estado inalterable y definitivo. Ahora sé que la pubertad no acaba nunca.

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De cómo hace poco Wolf Birmann afecto mi esfera privada http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/wie-wolf-biermann-neulich-meine-intimsphare-tangierte/ Mon, 02 Aug 2010 13:39:58 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=563 Con los conceptos y preguntas que parecen simples, pero que no lo son, es importante formar pares de contrarios. Pensé últimamente, después de haber escrito el segundo texto malo sobre la historia de mi país. Uno podría contestar a la pregunta de ¿qué es para ti intimidad?, con otra pregunta: ¿qué no es para ti intimidad? Procediendo de esta manera a uno se le ocurren muchas cosas. No-intimo es casi todo lo que es grande, público e impersonal. Lo más impersonal que me ha pasado en la vida, fue a la edad de nueve años en el puerto de Caláis, una noche en abril. Yo ese día y a esa hora estaba muerto de cansancio y poesía un sensible corazón alemán, burgués e infantil – fue ahí donde vi al primer sin techo de mi vida, durmiendo bajo la luz fuerte de las lámparas de gas. Ahora pueden imaginarse mi concepto de impersonal. Para todo lo demás sigo escribiendo.

Más allá de eso, las grandes aglomeraciones de personas, los edificios institucionales, los centros comerciales y cosas similares, que con seguridad no son íntimas, estaría dispuesto a afirmar que para mi la intimidad no es posible sin una cantidad importante de confianza. Es posible que haya personas que pueden sentir intimidad en cualquier parte, donde se sientan bien con un grupo de personas o con otra persona o consigo mismos. Yo demando que las personas que me rodean, por lo menos la persona más importante, sean conocidas con anterioridad, el lugar me sea conocido por lo menos hasta el próximo cruce de caminos y la convivencia tenga una manera de ser, que a su vez practique desde hace tiempo. Para mi intimidad tiene que ver básicamente con conocer un lugar, a un grupo de gente y a mi mismo, por adelantado.

Aquí podría formar el par de contrarios: Intimidad – Interculturalidad, pero después de pensarlo un poco no funciona (por lo menos no sobrio y en público), pero la consecuencia es que este blog es para mi todo lo contrario a intimo, me parece -ante la contemplación de los limites estrechos de mi concepto de intimidad-. Uno habla en un contexto y como en ningún otro lugar de la red (donde los propios textos no son traducidos inmediatamente y uno sólo tiene que ver con lectores del propio idioma y contexto cultural) uno no sabe qué pasará con lo dicho. Solo unos pocos de los presentes conocen la posición a partir de la que se que habla. La cultura (pop), el trauma, la sociedad, la visión, el paisaje (de momento la costa del Mar de Este, hermosa, para mi). Para que no nos mal entendamos: Este emprendimiento es entusiasmador, bueno, justo, pero no es íntimo ( ¿cómo en la Red?).

La intimidad necesita una confianza cultural, además de una rutina, un carácter ritual. Antes de que una situación pueda ser realmente íntima, para mi, es necesario que antes haya sucedido durante anios, en los que no lo haya sido. Lo que mucha gente describiría como “intimo”, es para mí únicamente “potencialmente íntimo”. Situaciones potencialmente íntimas, en las que repentinamente se tiene una sensación de felicidad, en las que el corazón salta por la insipiente confianza y una piensa “wow, con esta persona podría, aquí y ahora, tener intimidad”. Las amistades nuevas son siempre potencialmente intimas – en especial el momento en el que uno está excitado y se da cuenta de que también sin la excitación podría funcionar.

En situaciones verdaderamente íntimas nadie está excitado. Entonces no salta ningún corazón, no nos sentimos ligeros como plumas y libres de preocupaciones, sino relativamente normales. Como uno se siente cuando hace cosas conocidas con personas de confianza: como un mueble conocido en una habitación conocida. Revisando la escala desde el “puerto de Caláis por la noche”hasta lo “totalmente íntimo”, lo más cercano a “totalmente íntimo es la “Casa de huéspedes Gintopf”, una casa rural en la costa oeste del Mar del Este en Alemania. Donde desde hace veinte anios paso las vacaciones de verano con mis padres, los amigos de mis padres y los hijos de los amigos de mis padres. Ante la cercanía de los ancianos propietarios Erika y Uwe Jessen siento confianza sin ningún tipo de excitación, en un ritual cotidiano que se ha “consagrado” en el comedor, como podría decirse educadamente.

Ayer justamente me choqué en ese lugar mágico cuando iba al banio con Wolf Birmann, el famoso disidente de la RDA en todo el mundo y cantautor, el mismo que en 1976 fue expatriado -pero esa es otra historia, más allá de que él hace años tiene una casa en los alrededores, como pude saber después. A lo que quiero llegar y la razón por la que escribo sobre esta casa de huéspedes y no sobre el vientre materno o las bendiciones de un triángulo amorosos, es a que tengo la certeza de que: La intimidad es lo contrario a la historia actual! La intimidad no tiene tiempo, se ha caído del mundo, utópica. Contrario a lo que ocurre en el presente, la intimidad es privada sin escrúpulos, no tiene nada de espectacular -sobre todo para los otros- no tiene valor. En o ante situaciones íntimas uno puede callar, no le interesan a nadie.

Por eso los acontecimientos que significarían una ruptura en la intimidad – y aunque sea solamente a partir de la presencia física de los protagonistas envejecidos de un presente que se prolonga desde hace 30 anios- son una monstruosidad. La intimidad es confianza, la intimidas cuando uno puede decir “ah bueno, como siempre. Intimidad también es lo contrario a acontecimiento. Si uno tuviera que decir “hoy va a pasar esto” la intimidad estaría rota. En la casa de huéspedes frente al mar uno puede hablar con placer sobre cualquier cosa -no solamente sobre el clima, sino también sobre el hombre que hacía los pronósticos en la tele, que está encarcelado. Pero no debe imponerse, nosotros mismo queremos decidir cuanta parte del mundo, que nos alcanza aquí a través de una pequeña radio en la pared, puede acceder a nuestra esfera íntima, tiene cabida entre nosotros. Por eso : vergüenza sobre Wolf Birmann!,vergüenza por el acontecer actual!, vergüenza sobre los políticos que impiden nuestra privacidad, intimidad es el pequeño sueño apolítico, que nos ganamos una vez al año. Sólo con nosotros mismo y con nuestro concepto de intimidad, que posiblemente el 99% de los seres humanos rechazaría vehementemente. Pero esa forma de insolación también es muy íntima…

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El arte del desencuentro http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/die-kunst-des-nicht-treffens/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/die-kunst-des-nicht-treffens/#comments Mon, 02 Aug 2010 07:57:31 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=548 “Entonces, a través de la fina malla de tus pestañas,

verás todavía  alargarse en mis pupilas ávidas un

desperezamiento de panteras…”

Rubén Martínez Villena

Aprender a convivir con el miedo es uno de los grandes retos de mi vida. Yo he tenido muchos, algunos se han ido, otros se disfrazan y gatean escondidos, mas hay uno persistente, siempre en vela, que me despierta del sueño de la razón. El miedo a no ver trasciende la intimidad que me he trazado, es también a que los demás no me vean, que no nos veamos. Si no logramos percibirnos parecería que somos intercambiables. Entonces nos perderíamos en la generalidad del los términos, por ejemplo mujer u hombre. Tú serias solo una mujer, yo solo un hombre; seriamos cualquier mujer, cualquier hombre, no tendríamos rostro, y la sexualidad continuaría siendo el escudo del uno frente al otro. Las clasificaciones de género resultan insuficientes para atrapar la sutil expresión de lo que somos. Tu sexo, el mío, son casuales y quiero ver en ti y que veas en mí más que esta trivialidad que tendemos a naturalizar. Y esto aunque intuyo querer no basta.

Al principio fue lo opuesto. Es por eso que en mis íntimos andares por las calles, bares y camas de Berlín me invadía la mayor de las veces una sensación rara. Los encuentros parecían desencuentros. En esas caminatas era asumido por muchos y muchas como un hombre latino. Este tipo de animal es aprehendido como bestia feroz. No es tan malo ser clasificado como semejante espécimen, sobre todo porque estaba de moda y parecía ser no más que una locura pasajera. Ciertas demencias duran demasiado. Todo lo que hacía solo servía para corroborar  mi condición de fiera. Las gafas que suelo usar para ver el mundo no eran entendidas por algunos como producto de un problema visual, sino como el intento de parecer intelectual. No los culpo, mi abuelo también pensaba que los intelectuales lo tenían todo más fácil, tanto así, que insistió en que sus hijos estudiaran una carrera universitaria. Siguiendo los pasos familiares comencé a estudiar filosofía y ciertamente no he notado que mi vida sea más fácil por ello. Para mí la situación empezó a ser sofocante. Un día invite a bailar a una chica que lo hacía bien y la respuesta fue rápida y precisa: – ¡Yo ya estoy casada! La sangre jacobina y cimarrona que me corre por las venas llego a estado de ebullición. Me leí el ensayo de Camus y desde entonces era Le latino révolté. Desde el grito ideé una estrategia para luchar contra el sentido común. Mi táctica no era quizás tan buena como la puesta en práctica en Afganistán y en Irak, pero creía funcionaria, al fin y al cabo yo no quería adueñarme de nada, solo ser visto más allá de estereotipos. La idea era sencilla, solo debía  evitar los bailes donde las pelvis se juntaran. Desde entonces comenzó a comentarse que no sabía bailar. – Yo creo que no es Latino- comentaban agregando -, nació en el viejo continente. ¡Le falta sabor! Estas habladurías me tocaron el ego, así que decidí simplemente no bailar. La explicación no se hizo esperar. – ¡No baila porque es homosexual! Con esto se me empezó a cotizar  bien alto en el mercado sexual. En esos días me enteré que para muchas mujeres era un bello desafío, llevarse a un gay a la cama. Emborrachando la frustración frente a una cerveza una amiga me conto que a ella le pasaba lo mismo. Entre ciegos los desencuentros son más comunes que los encuentros. Esa noche los mandamos a todos y todas al carajo. Si no nos ven que se jodan. Ellos se lo pierden.

Hay miedos que no son saludables, el miedo al otro es uno de ellos. En cambio el temor a la ceguera me ayuda a no perder la capacidad de sorprenderme, a verme, a verte, en la búsqueda de lo que puedo, de lo que puedes y quiero, y quieres: ser. Andando así, con Goya a mí lado por esta vida nuestra, pretendo evitar los monstruos que produce la razón. No siempre me está dado, mas lo intento.

Joaquín Sabina, Pie de Guerra.

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O sea un aparato http://superdemokraticos.com/es/editorial/beziehungsweise-gerate/ http://superdemokraticos.com/es/editorial/beziehungsweise-gerate/#comments Sun, 01 Aug 2010 14:14:44 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=564 Algo está a mi lado y parpadea, como si respirara. A veces lo tomo en mi regazo, entonces me hace mucho calor. No estoy hablando de un bigrador con luz de bicicleta o de un gato con los ojos centelleantes, no, hablo de un aparto. Tengo una relación con mi computadora? Cuál es? Se ha convertido en una caja con forma de corazón, que controla mis sentimientos?

Muchos  textos de los Superdemokraticos se preguntan por las posibilidades de la intimidad en los tiempos de la Web.  Algunos hablan de sexo por Internet (Agustín Calcagno), otros de voyeurism en las redes sociales (Liliana Lara). Exactamente las observaciones que hace el ensayista, físico (músico de Jazz) Eduard Kaeser en su libro “El cuerpo en el tiempo de sus necesidades” -el libro no ha sido traducido al español-  en el que llama a la “independencia física”: Porqué vivimos cada vez más “tecnotopos”, rodeados y dependientes de máquinas que hacen nuestro trabajo y estructuran nuestra vida y sobre todo nuestro amor, el mundo material  nos pierde.  Lo percibimos inmaterialmente por nuestros sentidos, filtrado y posibilitado por los aparatos. Habríamos mutado hasta convertirnos en “seres-interfaz”.

No creo que eso sea terrible, es simplemente parte de la realidad con la que tengo que aprender a convivir, así como con mis ideas de sexualidad, matrimonio, familia, amor, género. Mismas que están determinadas (son aprendidas) por la realidad o la ficción (películas, novelas). Sobre eso también nos hablan Fernando Barrientos, Luis Felipe Campos, Javier Badani, Lizabel Mónica o René Haman en sus ensayos.  Esas realidades que van delante de nuestras narices como si fuéramos burros inocentes detrás de una zanahoria. Pero debemos permanecer. Sentirnos. La salvación. El Futuro, lo que tenga que venir no proviene de otros (la zanahoria) sino de nosotros mismos. En la la fuerza, los sentimientos, las palabras que nos rodean. Que llegan a nosotros online y ofline.

Tengo talento para romper mis aparatos (así como para golpearme en todas partes y hacerme moretones). Inundé mi última laptop con te, mi celular resbala de mis manos con frecuencia, esta decorado por grietitas. Tiene cicatrices como si fuera un cuerpo. Por eso insisto en la afirmación: llorar frente a mi ordenador es algo íntimo. Cantar detrás de una pared de cristal, lo que uno ha entendido de la vida, es algo intimo.  Mandar videos por youtube también es algo íntimo. Así nos mostramos en nuestro “disfraz transparente” (Tilsa Otta), somos vulnerables y permanecemos humanos, más allá de cualquier digitalización.

Y cuando volvamos a vernos, nos abrazaremos. Las personas son mucho mejor que los aparatos.

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Fragmentos de intimidad http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/espanol-fragmentos-de-intimidad/ Thu, 29 Jul 2010 07:00:27 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=546 A veces creo que he perdido mi propia intimidad. En esos momentos siento que estoy percibiendo todo en una pantalla distante y parece que vivo la vida de otro. Una mudez nerviosa ante una pregunta urgente. El rostro en el espejo es una máscara nueva, mi nombre una falsificación apurada, mis amigos y familia se vuelven seres impenetrables y mi voz la dicta un desconocido. Entonces soy transparente como un vaso vacío y una pared de ruido blanco se levanta. Me siento tan raro que olvido qué significa intimidad.

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Bucear hacia adentro me pone triste.

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Hace 4 años que no puedo escribir ficción. Puedo escribir crónicas, ensayos, informes, pero ficción no. Intento forzar las palabras y logro resultados que no me convencen. ¿He olvidado lo quería decir? El show se puso muy real y algo hizo crack. Tanto tratar de borrar las marcas personales y convertirme en un hombre sin atributos (¿no era el yo la ficción más radical?) ahora no puedo acceder a la voz secreta, como si no hubiese nada en el interior. Veo que los demás mueven sus labios sin decir nada y me dan ganas de quedarme solo para tratar de escuchar la voz secreta. Soledad y silencio.

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Busco dentro de mí. Ansioso, me deshago de cada cáscara colorida como jugando con una matrioska. Me detengo de golpe por la incertidumbre de lo que podría encontrar.

*

Resignado, trato de mirar la intimidad de los otros como un detective privado: qué piensa mi hermano que habla tan poco y que es un solitario nato; qué forma tiene el alma de mi novia, qué le duele, qué la hace feliz, qué se esconde detrás de todos los velos que me seducen, qué trazos se dibujan en ese pliegue último donde no hay palabras. Encuentro pistas que cuando las sostengo para leerlas se derriten como una página de arena.

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Veo tatuado en lo más íntimo de mi generación el miedo a dejar de ser jóvenes. Miedo a convertirse en gente que acepta lo más terrible como natural y que cree que todos deberían acostumbrarse. Envejecer como la consigna del enemigo. Como si la adultez fuera la última capitulación, como si convertirse en sus padres fuese una transformación peor que la del propio Samsa. O tal vez sólo sea una proyección de mis preocupaciones particulares.

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En el fondo de mí guardo un álbum de fotos en movimiento, las sombras de dos amigos que se han hecho invisibles, el escudo de la patria de la infancia, un perro que duerme bajo un árbol, la mirada benevolente de mi abuelo Tomás mientras me enseña a leer, una pastilla contra el spleen del domingo, un adoquín de una calle que ya no existe, un par de versos que siempre cambian de sentido, el pañuelo que agito cada vez que digo adiós, un puñado de envejecidas canciones ruidosas, una guitarra negra, algunas promesas. Luego de cruzar un laberinto llego a ese archivo íntimo de mi memoria.

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Llega, hablamos un poco y luego nos desnudamos. Hace frío para variar, pero los cuerpos se calientan mutuamente hasta que las temperaturas se confunden. Un cuerpo que antes era desconocido ahora irradia una familiar ilusión de complicidad. Espero que sienta, como yo ahora, tan cómodo como el holograma de La invención de Morel que se mueve con la comodidad del que no se siente observado. Me olvido por un momento de estar registrando todo a través del filtro de la conciencia, me olvido del melodrama de la identidad, de los gajes de la reproducción social, de los updates del superego, de la política. Respiro tranquilo e intimo conmigo mismo. Entre Zizek y una muchacha desnuda, la voz secreta habla.

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A cabinet of my own http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/a-cabinet-of-my-own/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/a-cabinet-of-my-own/#comments Tue, 27 Jul 2010 07:31:31 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=533 Mi abuela me regaló su amplio armario de carcomida madera lacada en blanco, porque yo no dejaba de gimotearle que en casa no había ningún sitio para mí misma, y le pedí poder vivir con ella. Convivía con mis dos hermanas mayores en una sola habitación. Después (yo tenía 10 años) se apuntó mi hermano. En aquel momento yo no pasaba mucho tiempo en casa, porque para mí cualquier relación era demasiado estrecha. Mi abuela no me podía dar 500 libras anuales y una habitación propia, pero sí el armario gigante en el que podía refugiarme.

El armario era demasiado grande para la poca ropa que yo tenía, y se veía pronunciadamente craso en la habitación. Saqué las baldas y la barra, coloqué el par de blusas, pantalones y jerseys en la parte izquierda más profunda del armario, la ropa interior y los calcetines los lancé en el cajón derecho, que despuntaba como una escalera, y puse por encima un cojín grande sobre el que me pudiera sentar. Los laterales tenían resquicios por los que aire podía circular y por los que vigilaba a mis hermanas. En ese armario se consumaron momentos esenciales de mi pubertad. En ese armario me sentí mayor, y libre.

En ese armario pasé mi primera hora -no ya platónica- con mi primer novio, que era hijo único y tenía su propia habitación. Hasta él encontraba en este armario una sensación especial de autonomía y exclusividad que no le invadía en su habitación. No sé si me hubiera cimbreado igual de desenfrenada en su habitación bañada de luz. Aquí, en esta estrechez, en esta penumbra en la que la luz se colaba entre las ranuras de la madera y nos marcaba los cuerpos, aquí dentro se me mostró el contacto como algo lógico no sólo por consideraciones de proximidad. En este armario, así como de costumbre sólo bajo el edredón, disfruté de una intimidad sin límites.

La intimidad es un Derecho Humano. La intimidad es una forma de aislamiento y de retroalimentación. La intimidad es asocial y natural. Surgimos del útero en relaciones asociales exclusivas. La tortuga entierra sus huevos, la gallina los incuba. Sin esta protección ante la interferencia, la observación, sin la vivencia de la autonomía no podríamos madurar. A día de hoy sería peor para mí vivir en un kommunalka (apartamento comunitario) soviético que ocupar una celda en prisión. Una persona que tiene miedo a la intimidad, que no puede estar solo consigo mismo, que debe exponerse continuamente a la presión y mundos de los demás, se echa a perder bien rápido.

La primera vivencia prenatal, todavía inconsciente, que un ser humano tiene de la vida, es la intimidad. Por esta experiencia metafísica, uno busca durante toda su vida espacios de refugio en los que pueda crecer. Un armario también puede servir. Precisamente un armario, que sólo concede un poco más de espacio, quizá para otra persona (novio), o para un objeto. Es un espejo abismal. Lo que he vivido y visto allí no me atrevo a ponerlo por escrito. Eso lo dejo a la fantasía del lector con la recomendación expresa de intentarlo por sí mismo, si todavía no lo ha hecho.

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Diloquesientismo http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/sagmirwasdufuhlstismus/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/sagmirwasdufuhlstismus/#comments Mon, 26 Jul 2010 18:44:50 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=528 “Creyendo que las cuestiones de la sexualidad son asuntos privados, dejamos de percibir su dimensión social y política.” G. Louro

Veo en la televisión a un niño llamado Bastian devorando un libro con el semblante turbado de aventurero extraviado en el desierto con sólo unas cuantas páginas en su cantimplora, el joven héroe cubre su espalda con una manta porque el mundo de Fantasía está desapareciendo en el ático, la Nada lo devasta y… corte comercial.

Reconozco mi cuerpo, me lavo los dientes voluntariamente, duermo sola sin miedo, imito a los cantantes de la radio cuando no hay nadie, atravieso una fase mitómana y cleptómana, desarrollo mi noción personal del bien y del mal. Instantes cruciales para la construcción de la primera intimidad: la propia. Toda persona debe contar con este ambiente y decorarlo a su gusto, recién entonces podrá recibir invitados y más adelante formar un hogar compartido, saludable y pleno. Paradójicamente, una vez superado el solipsismo infantil, el ser humano pasional suele llegar, durante la adolescencia a la etapa “Sólo existes tú”.

La intimidad es uno de mis asuntos favoritos para tratar por ejemplo, en una sobremesa con alguien a quien acabo de conocer. “Dígame algún secreto, dime algo que yo no sé y derribemos sin más preámbulos este campo de fuerza que nos ha sembrado la sociedad. Algo que nunca has dicho a nadie, háblame de tu primera vez o de la última, de tus sueños recurrentes. Confiésame si te sientes solo y miserable, no escaparé. Anuncia que eres un hombre feliz y no usas camisa, eso sí he de comunicarlo.”

“Diloquesentismo” , un movimiento polémico que me ha traído alegría y comunión, así como incomprensión y situaciones incómodas (graciosas), al punto de lamentarme cierto día abochornada: “Si me dieran un dólar cada vez que digo todo lo que siento quizás me sentiría mejor en este momento.” Al respecto, opina Guacira Louro: “las preguntas, las fantasías, las dudas y la experimentación del placer son remitidas al secreto y a lo privado. A través de múltiples estrategias de disciplinamiento, aprendemos la vergüenza y la culpa, experimentamos la censura y el control.

Durante siglos las mujeres han debido “guardar la compostura”, y hasta hoy, para el sujeto puritano resulta intimidante, en lugar de íntimo, oír a una dama referirse abiertamente a su vida sexual. Esto me trae a la memoria la bellísima canción de Chabuca Granda “Cardo o ceniza” donde la poeta relata un sublime episodio de entrega apasionada, y en la estrofa final despierta junto a su amante, avergonzada por su total desinhibición de la noche anterior.

Encuentro intimidad intensa en la poesía, en escribirla y mostrarla a alguien cercano, y luego publicarla, en leerla. En deslizarnos dentro de la lógica y sensibilidad de un artista siguiendo el laberinto que diseñó en un momento mágico y solitario.

Se genera también en la complicidad, en saberse inocentes del mismo delito, solitarios entendedores de un mal chiste, únicos huéspedes de un hotel encantado. Cede el campo magnético, abrimos la puerta. Secretos sin confesionario.

El intimismo es un ismo que se convierte en “mismo”: compartir un plato de comida, la cucharita del postre, los gérmenes, la cama, arrancar el brazo que entorpece el abrazo que desaparece.

Siempre quise abrir mi secreto bancario para que usted y yo fuésemos íntimos sin temor a despojarme del glamoroso velo de misterio que me adorna como a una tapada limeña emocional, ya que el misterio tiene múltiples instancias y su propio Ministerio con sede en el Interior. Muchos aspectos entran en consideración antes de decidir convertirse en una fiesta para dos. No cualquiera toma ese tour dentro de una, menos se convierte en pasajero frecuente, cuando finalmente me remuevo de la frente el tatuaje que dice: “Ama al cisne salvaje” y asumo el traje transparente de regalo desenvuelto que resplandece ante los ojos del niño gigante.

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La maravillosa hepatitis breve de Litoscar Vzz http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/die-wunderbare-kurze-hepatitis-von-litoscar-vzz/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/die-wunderbare-kurze-hepatitis-von-litoscar-vzz/#comments Fri, 23 Jul 2010 06:40:23 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=514 Descubrí el verdadero significado de intimidad una noche, echado en la cama, mientras pensaba en la chica de la que estaba enamorado, una fresita de Monterrey que manejaba un Fiat color vino. Año: 2004. Música: A ghost is born. Wilco se habían convertido en el soundtrack de mis momentos de solitud. Diagnóstico: hepatitis b. Debía guardar reposo: como embarazada con amenaza de aborto. Intentaba leer Glomurama de Bret Easton Ellis pero no conseguía concentrarme. No podía recordar dónde había levantado la maldita enfermedad. ¿Pistas?: 3.

Primera: Aquella caguama que nos pasamos de mano en mano en el lote baldío. Alguien pidió un vaso. La raza, esquinerota, tiro de jilo al delicadito. ¿Y si nos transmitimos alguna madre? insistió. El güey más bule de todos soltó: el que tiene defensas ya la hizo, el que no: ya se chingó. Yo andaba diezmado. Mi salud siempre ha estado baldada, como “Laurence Harvey estaba baldado / en Servidumbre Humana / […] ante la belleza de Kim Novak” (Saúl Rosales dixit). Desconfío de la caguama porque uno de los Drugos, así nos apodamos, estaba más pálido que la tapa de la Sección Amarrilla.

Segunda: los tacos de suadero de la Joya. Durante un tiempo corrió la paranoia de que toda la cebolla de mi ciudad estaba contaminada con hepatitis. La noticia de San Agustín: el fuego todo lo purifica: resultó falsa. En mis ratos libres, cuando no estaba tratando de brillar, sin éxito, sobre el teclado de la computadora, sufría de afición taquera. No miento, conozco todas las taquerías de mi ciudad. En algunas hasta me fían. Sospecho de los tacos porque la orden que me tragué con un chingo de cebolla y salsa fue el principio que marcó mi debacle.

y Tercera (última): el atracón sexual que me prodigó la pequeña D. La conocí por Internet. Jamás había creído en esa patraña de la gente solitaria hasta D. Me mude a su departamento dos semanas. Esta era nuestra rutina: ella se levantaba a las 9 a. m. y se largaba a trabajar. Yo me despertaba hasta las 5 de la tarde, hora en que ella regresaba del trabajo. Volvía con un cartón de caguamas. Nos revolcábamos sobre la alfombra y comenzábamos a chelear a las 7. Ella sólo liquidaba un mísero vasito, lo que más le gustaba era la yerba. Guardaba una bolsa con dos kilos en su refrigerador. A mí nunca me vino, por lo que me sentaba a verla despachar su joint. Nos revolcábamos una vez más y ella se marchaba a dormir porque al día siguiente tenía que trabajar. Yo me quedaba despierto toda la noche hasta beberme los 12 litros de cerveza. D debió pensar que era un poquitín borracho, pero la verdad no. Jamás he considerado a la chela como alcohol. Todos los días D me surtía de cerveza. Jamás me llevó algo de comer. Y aunque considero a la cerveza alimento, algunas veces la papa no cae mal.

Mientras le poníamos yorch, D me contaba sobre las orgías en las que había participado. Se mearían de la risa si la vieran, era la cosita más insignificante del mundo, sin chichis ni nalgas, algo feíta. Pero en la cama no mami blue, se movía como una sirena cyborg. Huí de la casa de D porque había perdido mucho peso. Siempre utilicé condón, pero sospecho de D por las trancas promiscuas que se cargaba. Y porque ha sido una de las etapas de mi vida en las que he estado más desmejorado.

Así que ahí estaba yo, raza, tirado, deduciendo quién pinches me había jodido. Puedes compartir la caguama con tus bróders del alma; puedes confiar en el taquero más infecto de la ciudad; y puedes, después de hacer el amor, recibir las confesiones más pintorescas de tus amantes: “Cuando era niña mi padrastro me manoseaba, y me gustó”, pero ni el alimento para el espíritu, ni la comida, ni el apetito carnal, representan en verdad la intimidad. No importa cuántas veces veas a esa mujer desnudarse frente a ti, cuántas ocasiones te acuestes con ella: no te está entregando nada. La única, verdadera intimidad radica en el daño que se provoca involuntariamente. Con gusto hubiera besado al responsable de mi postración aquella noche.

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Panóptico punto cero http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/nullpunkt-panoptikum/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/nullpunkt-panoptikum/#comments Thu, 22 Jul 2010 15:03:36 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=494

Miro las fotos de mis amigos y de los amigos de mis amigos en las redes sociales, en los blogs, fotologs, etc. Conozco sus casas, sus gustos, sus mascotas. De los más osados, he visto incluso sus sexos depilados, sus estragos, sus miserias. Soy una voyeurista digital que disfruta de la intimidad de los otros. Miro desde mi ventana-pantalla sus vidas ajenas y lejanas. Sus estados, sus amigos, los primeros pasitos de sus hijos.

A veces soy testigo presencial de disputas y malentendidos o me entero de los chismes familiares antes que mi propia madre. Otras veces tengo la suerte de que mis amigos y sus amigos suban fotos antiguas: así conozco sus historias, sus pañales, sus uniformes de escuela, el acne de sus adolescencias. Soy un vigilante en medio de una cárcel panóptica, esa que fue ideada por Jeremy Bentham hace miles y miles de años y luego fue retomada por Foucault en el siglo pasado para explicar las formas de la vigilancia que asume el estado hegemónico, la “sociedad disciplinaria” a la que no le interesa la indagación de la realidad, sino el control. En esa estructura arquitectónica de la observación todo lo que el individuo hacía estaba expuesto a la mirada de un vigilante que podía ver sin ser visto. Sólo que yo también soy vista. Vigilante y vigilada a un mismo tiempo, expongo mi intimidad y miro la intimidad ajena. La noción de panóptico de Foucault ha sido desempolvada últimamente para explicar uno de los fenómenos más alucinantes de la web 2.0: la exhibición / observación de la intimidad.

Sin embargo, yo creo que este concepto se queda corto, o que en todo caso se debe hablar de un panóptico dentro de otro, como las muñecas rusas. Vigilamos la intimidad de los otros, nos vigilan otros que a su vez son también vigilados. Al final de esta cadena de voyeuristas-vigilantes puede que esté esa sociedad disciplinaria e invasiva que nos quiere mantener a raya, o al menos eso es lo que piensan los detractores de las redes sociales o la web semántica. Sea como fuere, en esta nueva situación en la que nuestra intimidad es expuesta y vigilada a un mismo tiempo, no hay que perder de vista que se trata de una exposición adrede. Muestro lo que quiero que el otro vea. No se trata de una intimidad agarrada in fraganti, una puerta abierta en el medio de la noche o las páginas de un diario encontradas por azar, sino la intimidad de un exhibicionista, un megalómano, un egocéntrico. Una persona que se sabe vista y, más aún, que quiere ser mirada. El exhibicionista digital construye su avatar como quien construye una ficción. Una autoficción, término tomado de la literatura o viceversa. El gusto generalizado por invadir la intimidad del otro ha alcanzado a la literatura: no en vano los libros más vendidos son las autobiografías y el género “autoficcional”. En los ùltimos años han proliferado esas novelas narradas en primera persona, en las que el narrador tiene el mismo nombre que el autor, o sus iniciales o un nombre fonéticamente parecido, y las peripecias de las novelas tienen muchísimos puntos de contacto con datos reales de la vida del autor.

La intimidad digital es construida: escogemos las fotos y las frases que queremos mostrar. Nos desnudamos ante la cámara, pero mostramos nuestro mejor ángulo. Sabemos que nos miran. Queremos ser vistos. También queremos mirar el simulacro de intimidad que nos presentan los otros. Lacan ha dicho que el deseo del hombre es el deseo del otro, que existe un apetito del ojo que sólo se calma con el dar-a-ver. Ese dar-a-ver no es ingenuo. A la necesidad generalizada de observar la intimidad ajena se suma la necesidad de construirse una identidad digital para mostrarla. Los blogs, más que actualizaciones de los antiguos diarios íntimos, me parecen versiones multimedia de los reality shows que abundan en la televisión. Claro, se trata de reality shows mucho más interesantes y para todos los gustos: la adolescente rosa que cuenta los pormenores de sus primeras desdichas amorosas; el gran intelectual que comenta libros y se esconde; las madres teóricas y prácticas del post-porno español; el escritor que se vende a como de lugar y desde todos los medios que ofrece la web 2.0.Todos se exponen a mis ojos, y mis ojos están ávidos de ellos. Los sigo, los etiqueto, los pongo en mis favoritos, en el google reader, en los feeds. Los conozco más que a mis vecinos.

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Vasos sucios, ceniceros llenos http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/schmutzige-glaser-volle-aschenbecher/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/schmutzige-glaser-volle-aschenbecher/#comments Tue, 20 Jul 2010 15:00:37 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=490

Yo tenía un profesor de Derecho que había estudiado en Alemania y por lo tanto, tenía la idea de que era más bien profesor de Filosofía. Con él nos tocó estudiar el concepto de la intimidad, como un círculo imaginario a nuestro alrededor en el que sólo dejamos entrar a quien queremos. Ese círculo yo me lo imaginaba como una pequeña fiesta con tragos y música, en la que estamos todos desnudos y vamos al baño con la puerta abierta. Mi profesor decía que ese círculo invisible, pero poderoso, es lo que nos protege de la mirada insolente de los otros y nos da entre otras cosas el derecho a que nos dejen en paz. Es decir que en cualquier momento yo podría cerrar la puerta y decirle a todos los de la fiesta que se pusieran la ropa y se fueran.

En la intimidad sabemos sin hablarnos, y a veces sin mirarnos. Más que saber, adivinamos, y nos movemos a una distancia tal que nos permite todavía sentir el calor de la piel del otro. En la intimidad no tenemos miedo de nada, y mucho menos del otro. Dentro de ese círculo damos por ciertas algunas cosas que el resto del mundo jamás comprenderá.

Pero la intimidad también significa estar solo, darse espacio sabiendo que tarde o temprano volveremos a tocarnos. No negar la existencia de esa parte de mi que nunca te voy a dar, los detalles que nunca te voy a contar, el silencio que todavía existe entre vos y yo.

No se si era la juventud, o es el país de donde vengo, pero me parece que la intimidad estaba mucho más disponible, lista para tomarla entre las manos. Tuve amigos instantáneos, confianzas inmediatas, llegábamos a visitar sin llamar y abríamos la puerta de la refrigeradora para ver qué había. En cuestión de días podíamos hacernos amigos íntimos y contarnos cosas de enorme potencial destructivo. Por otra parte, siempre fue difícil mantener cualquier cosa en la vida privada, imposible mantener nada oculto, ni los superhéroes pueden con sus identidades secretas.

En Inglés, tener relaciones íntimas significa tener sexo, lo cuál siempre me ha dejado perpleja puesto que tener sexo con alguien es algo que se consigue mucho más rápido que hacer un amigo. En la ciudad donde vivo, o quizás a la edad que tengo, me parece que la intimidad se construye más despacio, la confianza se gana, el placer de verse se dilata por años, las amistades son profundas y a prueba de tormentas pero se forman a partir de mensajes cortos y la repetición de las mismas horas.

A veces extraño una forma y a veces la otra. A veces me gustaría poder volver a enamorarme de cualquiera que pasara por la calle y contarle todos mis miedos. A veces me gusta ir descubriendo cómo, a fuerza de hablar de las mismas pequeñas conversaciones sobre el trabajo y la política, alguien se me ha vuelto imprescindible.

En la confusión de la mudanza, mi círculo de la intimidad se ha reducido a su expresión mínima. La fiesta se ha acabado y han quedado los vasos sucios y los ceniceros llenos. La música cada vez suena más bajito y en un rincón estamos sentados dos o tres, viendo el amanecer.

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