Genetik – Los Superdemokraticos http://superdemokraticos.com Mon, 03 Sep 2018 09:57:01 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.8 Enterradme en una bolsa de “Pan Ruso” http://superdemokraticos.com/es/themen/geschichte/begrabt-mich-in-einer-tute-%e2%80%9erussisch-brot%e2%80%9c/ http://superdemokraticos.com/es/themen/geschichte/begrabt-mich-in-einer-tute-%e2%80%9erussisch-brot%e2%80%9c/#comments Wed, 20 Oct 2010 09:40:44 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=2554 El texto más universal que he leído nunca, empieza así: “taaccctaaccctaaccctaaccctaaccctaaccctaaccc …“. No trata sólo de una historia familiar en un siglo, sino la de la vida orgánica en este planeta. Diciéndolo como lo diría Arno Schmidt y su lenguaje desde las entrañas: un piqueeeeño=reservado UNI-Verso:al se-cuencia varonilgenética. Si se separa morfológica y visualmente el texto en taaccc-taaccc-taaccc-taaccc-taaccc-taaccc-taaccc, arranca entonces de forma tan convencional como cualquier vida o cualquier canción conocida: con una frecuencia de golpes. Los expertos en genética le leerían así, tal vez: Tee ah, ah Zeh, Tse-Tse, Tea, Atze, Cece y así, en adelante.

En el posterior desarrollo épico del texto se aprecia que las secuencias se repiten con frecuencia, a menudo con tanta que a uno ya le suena eso (algo que hoy en día sólo se le permite a las canciones o a la lírica: ni en las instrucciones de uso se puede hacer demasiadas veces la misma recomendación al cliente, hasta que lo entendiera). Pero quien cuente la Historia del mundo desde menos de cuatro dimensiones, no puede evitar las repeticiones. Vale, sí, ya lo dijimos al comienzo de la expedición superdemokrática.

¿Qué hace de este texto algo tan universal? Cada uno de nosotros lo lleva consigo. Cada ser humano lo ha llevado consigo. Todos los que habiten este mundo lo llevarán consigo. Y compartimos mucho más que lo que nos separa. Poniéndonos en el lugar de los demás, el texto resulta un juego infantil para cualquiera de nosotros. El texto no muestra ninguna pasión y nos muestra a dónde pertenecemos y a dónde vamos; y comprendiendo el texto más allá nos enseña que el color de la piel, los ojos y el pelo de un ser humano apenas se distinguen entre sí y que las propias historias religiosas y culturales son una cosa muy inestable. Sin embargo, el texto es pedante cuando retrata las relaciones humanas, es rencoroso, no olvida nada, aunque haya pasado mucho tiempo. Es el guión y la cámara, todo en uno. Y ante cualquier escepticismo, hoy lo sabemos: el papel que cada uno de nosotros interpreta es real al menos en un 50%. Por fin un texto que nos califica y que no nos ofrece ninguna discusión posible.

Nunca ha conseguido un texto agrupar a tantos hombres bajo un mismo techo, sin discriminar ni a uno solo de ellos ni insultarlos. Un texto global, pero muy diferente, general y original a la vez. Un texto duro que nadie quiere criticar ni corregir. Un texto sobrio que persigue la sobriedad y busca la expresión clara. ¡Oh, por favor, enterradme en una bolsa de “Pan Ruso”! Con sus letras reescribiré mi próximo genoma con amplitud épica. Tal vez arranque con un subidubi o con un Érase una vez. Y si tengo suerte, con este texto veré de nuevo la luz de un mundo apropiado para el manuscrito. Ade, Superdemokráticos.

Traducción: Ralph del Valle

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Mi modelo genético para la inmigración http://superdemokraticos.com/es/themen/burger/mein-genetisches-muster-fur-migration/ Thu, 09 Sep 2010 15:00:54 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=1763

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Cuando a alguien (como yo), a finales de la treintena, de repente le dice un funcionario en el senado de Berlín que por sus padres tiene antepasados inmigrantes y por lo tanto debe poner una equis en la casilla correspondiente en el formulario para recibir una beca, se tambalea la autoimagen de las cosas bonitas. Hasta entonces había dado por hecho que, simplemente, era alemana (en mi infancia nunca fui tratada como niño de inmigrantes, ya que la RDA prefirió esconder bajo la alfombra la histórica nota al pie en el currículum de mis padres, que habían sido expulsados o realojados o lo que quiera que fueran de los estados del este). Pero de pronto todo se complicó. A partir de entonces, necesité una palabra para restablecer mi equilibrio cognitivo: heterogeneidad.

Jo Schneider ya ha llamado la atención en su ensayo sobre el dichoso debate que se mantiene en este momento en Alemania sobre el ascenso y caída del cociente intelectual alemán debido a las familias inmigrantes (musulmanas). Una discusión así no es solamente risible, sino que, para mí (como alemana con pasado inmigrante recién salida del horno), no toca el problema real: la extraña naturalidad política del “ser alemán” como algo homogéneo. Ahí reside también una especie de supuesta herencia genética del ser alemán, que resuena latente en el debate actual, pero que no se toca desde los medios de comunicación. Si ningún gen determina decisivamente la subsistencia de una nación, pueblo, etc, entonces tampoco determina la del alemán. Así limita un estado la individualidad de sus ciudadanos, al certificarles un pasado que constituye un derecho para cada individuo, ya que cada individuo es libre para moverse de aquí a allí, desligarse de un contexto cultural y unirse de nuevo a otro. ¿O acaso la globalización sólo vale en un plano económico?

La actividad de los medios de comunicación alemanes para aclarar el estado de la investigación genética actual muestra todavía más: cualquiera puede convertirse en ciudadano alemán. Si ser alemán significa ciertas costumbres, un hábito específico, dominar la lengua alemana y haber disfrutado de una formación (en gran parte idealizada), eso significa únicamente que uno ha sido marcado por la actuación de un modelo (o entorno, por lo que a mí respecta) cultural específico. Afirmo sin ningún reparo que muchos de los llamados “alemanes homogéneos”, esto es, los alemanes sin orígenes inmigrantes, a menudo no encajan en el modelo pertinente. La pobreza de la formación en Alemania es el resultado de décadas de fracaso político, chapuzas y de incapacidad de realización en este área y un desplazamiento progresivo de la responsabilidad de la educación a la esfera privada familiar. Pero una responsabilidad de la educación que marca a un pueblo y que lo legitima como independiente no debería desplazarse al campus marcado por lo heterogéneo e individual de cada familia alemana, sino que debería ser independiente de ellas, debería salir de la fuerza vinculante del sistema de esta comunidad cultural. Para ello se debería entender primero esta comunidad como abierta, individualizada y, sobre todo, heterogénea y cambiante, y tener claro que en cada hogar se puede ser lo que desee (individuo, con cierto pañuelo en la cabeza, con cierto peinado o con lo que sea que le otorgue equilibrio espiritual). Alemania es por ley un estado laico, no deberían entrar consideraciones religiosas en los debates políticos, a no ser que todos nos engañemos.

Mis orígenes inmigrantes , y con ello mi heterogeneidad alemana, los cuento como mi ventaja cultural. Llevo algo siempre conmigo, algo de color en el horizonte. Si en algún momento puedo permitirme descodificar mi genoma, lo haré para ver si se puede demostrar en mí un modelo genético específico para la inmigración, que quizá yo le haya pasado a mi hija. A lo mejor ella también tendrá que oír en este país que pertenece a la segunda generación de una familia inmigrante. Pero quizá entonces, con más inteligencia, ya no usemos el término. Ahora que soy oficialmente una alemana con origen inmigrante, me siento así.

Traducción: Ralph del Valle

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Las caderas de América http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/espanol-las-caderas-de-america-red/ http://superdemokraticos.com/es/themen/koerper/espanol-las-caderas-de-america-red/#comments Thu, 05 Aug 2010 15:00:22 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=577

A los trece años, más o menos, me crecieron las caderas. Las tetas seguían siendo de niña, pero las caderas se me iban ensanchando cada día más. Culpé a la genética, a las tías, a las indias, a las italianas, a las españolas, a las negras que eran parte de mi genealogía. ¿Por qué no hubo una angulosa anglosajona en mi árbol genealógico que amortiguara esta tendencia a las amplias caderas y a las tetas estrechas? Mi queja eterna se fue convirtiendo en un chiste familiar. Mi padre le comentó a la más ancha de sus hermanas que yo la culpaba de mis desgracias. Ella se rió, con una risa mucho más dilatada que sus caderas, y me llevó ante un tío abuelo para que me contara la historia de América. El viejito era cegato y mentiroso y me dijo que me levantara, que quería ver qué tan anchas eran mis caderas. Me miró con sus ojos encuadrados en pestañas canosas y dictaminó:

– ¡Bah! No son nada en comparación con las de América.

Su hermana mayor, América, se había encargado de la familia y de la casa tras la muerte de la madre. En sus amplias caderas cargaba a todos sus hermanos pequeños y así salía a recorrer el campo o seguía en los quehaceres domésticos. Era bella porque en aquellos días la amplitud era un regocijo para la mirada. Los hombres se deshacían en piropos cada vez que veían venir a aquella humanidad acaderada. América, amplia como los llanos venezolanos, cuidando a sus hermanos, madre anticipada, nunca se casó porque era tan bella que su belleza no encontró un pretendiente a su altura, sus caderas no encontraron un cuerpo que pudiera arroparlas. Ella y sus caderas envejecieron en la casa familiar, cuidando primero a los hermanos, luego al padre, finalmente a algunos gatos.

A los trece años aquella historia de sumisión, soledad y responsabilidad prematura me pareció tétrica. Las caderas de América, lejos de consolarme, me parecían un mal presagio. ¿Acaso la historia también se heredaba y yo, hermana mayor, tendría que encargarme de la casa y la familia y terminaría mis días en la más recóndita soledad? Pensé en una máquina para quebrar caderas, como esas que achican los cráneos. Pensé en todo tipo de deportes y liposucciones. Quise parecerme a las fotos de las revistas y no a las que estaban en los álbumes familiares. A pesar de todo eso, las caderas siguieron creciendo inexorablemente y los senos involucionaron, aún después de amamantar hijos. Heredé las caderas de América, sin lugar a dudas; no así su historia.

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