Bürgerin – Los Superdemokraticos http://superdemokraticos.com Mon, 03 Sep 2018 09:57:01 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.8 Angie sola en la pampa http://superdemokraticos.com/es/editorial/angie-alleine-in-der-pampa/ http://superdemokraticos.com/es/editorial/angie-alleine-in-der-pampa/#comments Sun, 22 Aug 2010 15:22:31 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=1140 Ese fue él título que le puse mentalmente al cuadro de Valia Carvalho que nos acompañará las próximas semanas ilustrando nuestro nuevo tema: ciudadanía. Al verlo no pude evitar pensar en la canciller alemana. Me la recordó el cabello de la figura, la forma del cuerpo maciza, el vestido con lunares -como un batón- esa casa solitaria al fondo, proyectando una sombra muy oscura. Angie, como llaman los alemanes a la jefa de gobierno, creció en la extinta República Democrática Alemana como hija de un pastor protestante. Estudió física en Leipzig y en 1978 escribió su tesis sobre „La influencia de la correlación espacial sobre la velocidad de reacción en los elementos biomoleculares en contextos densos“. Se caso dos veces, no tiene hijos. En el otoño de 1989 empezó su carrera política como voluntaria en „Resurgimiento Democrático“ (DA) -en alemán suena mucho mejor el nombre del partido- después de participar en la marcha „contra la violencia y por los derechos constitucionales, la libertad de prensa y opinión y el derecho a reunión“ en Alexanderplatz en Berlín. La demostración de ese 4 de noviembre es seguramente uno de los ejemplos mundiales más recientes de valor ciudadano. La acción comenzó como una iniciativa de actores y trabajadores de los teatros de Berlín del este, de artistas, y logró reunir a medio millón de personas. La idea principal era reivindicar al pueblo como portador de la soberanía de un país: „Wir sind das Volk“ (somos el pueblo) y ese pueblo decidía con ese performance, soberanamente ser democrático. Estoy segura que muchas de las personas que apoyaron el movimiento no querían dejar de ser socialistas. Que mucha gente no esta de acuerdo con las maneras con las que se llevó a cabo la reunificación. Claudia Rusch nos habla de eso en su ensayo de esta semana.

Al otro lado Agustín Calcagno explica las razones por las que apoya a la suma de movimientos ciudadanos que están haciendo una revolución „democrática“ en los países que se sienten afectivamente ligados al termino „bolivariano“, acuñado por el presidente Hugo Chavez. Liliana Lara no puede evitar dejarnos cierta melancolía, la de la extranjera que ve directamente los cambios en las zonas que habita. La distancia la ha llevado a construir una sala de mandos virtual desde la que se materializa en una de las dos realidades que la exijen y la entiendo directamente. Desde mi latitud vivo parecido y veo desde lejos la revolución que llevan a cabo en Bolivia. Muchas veces me pregunto si como me siento se sentían los que querían ser democráticos y seguir siendo socialistas. De alguna manera soberanamente el pueblo ha decidido apoyar la revolución y la respuesta del socialismo del siglo XXI más allá de los discursos, consiste en desmantelar las instituciones que garantizan transparencia democratica. Al parecer una de sus propuestas principales es volver a 1917 como si 1989 nunca hubiera sucedido. Cuando era pequeña y todavía en Bolivia teníamos dictadura, vivíamos en Santa Cruz y mi padre me vendaba el brazo o la pierna para pasar los controles de la policía militar y llegar a sus partidas de poker.

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Ciudadana de dos catástrofes http://superdemokraticos.com/es/themen/burger/burgerin-von-zwei-katastrophen/ http://superdemokraticos.com/es/themen/burger/burgerin-von-zwei-katastrophen/#comments Fri, 20 Aug 2010 07:17:09 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=966 Mis dos países son dos catástrofes, por eso cada día vivo más en un lugar imaginario. Mejor digamos: un lugar virtual. Mi participación ciudadana es nula porque soy una habitante imperfecta que no es de aquí y no está allá. No tengo voz para opinar sobre Venezuela porque no estoy allí – me dicen. No puedo decir nada de Israel porque soy una extranjera – pienso. Desde este limbo ciudadano, estoy anulada y voy sorteando las dificultades lo mejor que puedo. Las leyes de aquí y las de allá me afectan y no saben dónde ponerme. Para que mis hijos pudieran entrar a Venezuela tuve que sacarles la nacionalidad argentina – que les correspondía por vía paterna-. Poco importó que fueran mis hijos: si van con pasaporte israelí no pueden entrar al país en el que nací y viví hasta hace poco tiempo. Cada vez que me acerco a la taquilla de algún ministerio debo contar cómo es que llegué hasta aquí. Cada vez que piso un aeropuerto, debo explicar por qué quiero llegar hasta allá. El día que mis hijos recibieron la nacionalidad argentina, fuimos a comernos un asado en un restaurante argentino for export para celebrar. La música que nos recibió en aquel simulacro gauchesco fue aquella vieja y lacrimógena canción que dice “no soy de aquí, ni soy de allá“.

Ninguna bandera me place. Si se acaba el agua en el medio oriente, yo me devuelvo a Venezuela. Si se inicia otra guerra, si un atentado me toca de cerca, si el mediterráneo arde de medusas, si la tan prometida bomba atómica por fin recala por estos lados, yo me devuelvo a mi casa. Pero mi casa no es ya mi casa, sino un campo de batalla en el que la violencia y el hampa le van ganando con muchísima ventaja a cualquier buena intención. Venezuela va cuesta abajo en su rodada por / o a pesar de ese invento llamado “socialismo del siglo XXI”. Una doctrina supuestamente novedosa,  pero que está asentada en viejísimos conceptos y palabras.

Desde hace diez años el Estado está ocupado en cambiarle el nombre a los ministerios, los institutos, los departamentos, los bancos, las plantas de televisión, la moneda. Todo debe tener un nombre de acuerdo a la nueva realidad política. Y yo ya no sé cómo se llama nada. Mientras tanto la primera plana de un diario de gran circulación muestra una realidad dolorosa: En la foto rebozan los cuerpos desnudos de una decena de muertos que no caben en una morgue repleta y por eso están amontonados en algún pasillo. Todos fueron asesinados por el hampa durante un fin de semana cualquiera en Caracas. Cuerpos descomponiéndose, sin nadie que les cierre los ojos o los prepare para la fosa (común, por supuesto). Una guerra. Si alguien dice que ya no se puede vivir por tanta violencia, a un ministro le causa risa. Tal vez mande a cerrar a ese periódico por escatológico en cuanto pueda reponerse de su gran carcajada.

La misma carcajada con la que una soldada del ejercito israelí se retrata rodeada de detenidos palestinos amarrados y vendados. El mejor período de su vida – así lo escribe en su página de Facebook, donde publica la ya célebre foto que le hace saltar a la fama.  En mis dos países abunda la carcajada, por lo que se ve. Y los cadáveres. Y los secuestros. Y los detenidos. Y los presos políticos. Y las guerras. Y las guerrillas. En Venezuela hay más hambre, eso sí. Y una miseria milenaria que a nadie le duele.   Mi participación ciudadana es nula. Vivo en mi país imaginario, mi país virtual, mi submarino atómico, mi asteroide B612.  Si hay una guerra, cierro las ventanas para no escucharla. No reciclo la basura, no cuido el agua, espero que el agujero en la capa de ozono esté lo suficientemente grande como para tragarse todas las injusticias. No marcho en pro de ninguna minoría, pues soy la minoría de las minorías. Nadie marcharía por mí, de la misma manera en que nadie cree que mi opinión política tenga algún valor estando yo tan lejos, siendo yo tan extranjera.

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La Cuba que no cabe en los libros de historia http://superdemokraticos.com/es/themen/geschichte/das-kuba-das-nicht-in-die-geschichtsbucher-passt/ http://superdemokraticos.com/es/themen/geschichte/das-kuba-das-nicht-in-die-geschichtsbucher-passt/#comments Thu, 24 Jun 2010 12:14:16 +0000 http://superdemokraticos.com/?p=326

Para Zaida, profesora de Historia

Foto: Lizabel Mónica

Cuando aflora la palabra Cuba se piensa en el embargo económico de los Estados Unidos a la isla, en la batalla de la Bahía de Cochinos o Playa Girón -“primera derrota del imperialismo en América”, reza la propaganda oficial-, en los hermanos Castro y en los organopónicos. Para algunos Cuba representa aún ese icono de izquierdas donde muchos turistas, llevados por el entusiasmo excesivo, experimentan un excitante acercamiento a eso que las camisetas con la imagen del Che Guevara parecen anunciar. En otros sin embargo persiste la convicción de que se trata de una pesadilla roja y populista que necesita inyecciones urgentes de capital. Lo cierto es que para mí, nacida al punto de observar el progresivo entibiamiento de la Guerra Fría, crecida en una adolescencia en que desilusión y desesperación parecían ser las dos nuevas reglas de convivencia cívica -en sustitución del habitual discurso triunfalista de la utopía proletaria-, y alcanzando finalmente mi mayoría de edad en el siglo XXI, tienen muy poco sentido ya las creencias entusiastas de mis padres o la visión épica y edulcorada de una historia cada vez menos creíble.

Decir que la historia nacional que promueve un Estado no es del todo verdadera, es como convenir en que los seres humanos hemos provocado cambios en el ecosistema del planeta: ambas son verdades irrefutables, y como tales, han de permanecer medio ocultas, medio visibles. En cualquier caso no es cuestión de certezas, sino de qué políticas se aplican al respecto. La mirada severa de los cancerberos del Estado me enseñó sobre todo a negociar la versión propia de los hechos. He aquí un resumen. Cuba fue la última de las colonias españolas en independizarse, a finales del siglo XIX, llegando a tiempo para convertirse en neocolonia de los Estados Unidos. Luego de Gerardo Machado, quien hubo de abandonar la presidencia en 1933 tras una movilización popular, se anularon los lazos legales de la sujeción a Estados Unidos, y el país transitó por distintos gobiernos hasta arribar a la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista. Sobre este último triunfó la guerra de guerrilla enclavada en Sierra Maestra, al mando de Fidel Castro. La coalición de varios grupos opositores que dio lugar al triunfo de la Revolución Cubana en 1959, hasta entonces un movimiento nacional que ostentaba el apoyo de la burguesía, fue paulatinamente fragmentada, depurada y finalmente convertida en una unidad monolítica que tomó su derrotero político el 16 de abril de 1961, cuando Fidel Castro proclamó “el carácter socialista de la Revolución”, minutos después de que bombarderos ejecutaran su preludio a Playa Girón. A partir de entonces, todo hubo de plegarse a este programa de gobierno.

Yo he aprendido que la historia suena diferente dicha por un español, a su vez distinta en voz de un norteamericano y definitivamente picante, en la expresión desenfadada del cubano de a pie. Por no hablar de los matices insospechados que toma en el nativo emigrado hacia esa otra capital cubana que queda geográficamente más allá de nuestras orillas: Little Havana. La historia siempre depende de quién la cuente. Suelen ser los sobrevivientes, los vencedores, los que tienen en sus manos el poder, los que se encargan de decirnos cómo ocurrió todo. Esta vez detrás de la pluma hay una mujer cubana (quién diga que el sexo tiene poco que ver con asuntos de geopolítica que busque la isla caribeña en Internet; obtendrá una respuesta más contundente que mis argumentos), blanca (recomiendo en este caso agregar a la búsqueda la categoría cultural e imaginaria de raza), hija de profesionales y yo misma una profesional (habrá notado usted que los blogueros cubanos son en su mayoría, tanto los impulsados por el régimen como los independientes, muchachos y muchachas bien educados), y no habitante de las zonas más marginales de La Habana, pero tampoco ubicada en el centro privilegiado de la misma (aunque vivir en La Habana es ya reconocerse en el centro, pruébese a agregar a la búsqueda Cuba+sexo+raza la simple, y de apariencia inocente, palabra “ciudad”: casi todos los blogs, páginas especializadas e institucionales son generadas desde la capital, mientras que sobre el resto del país cae un rotundo y contundente manto de silencio, que nos cierra el paso en código de bits); pero no habrá una historia formalizada en estas líneas.

La primera lección de historia que recuerdo con afecto fue aquella en que una profesora me dijo: “relájate y deja los libros, haremos un viaje en el tiempo”. Cabe citar aquí un curioso pasaje que hallé en una guía alternativa: “Cuba es un país único con muchas características distintivas. Viajar aquí no sólo requiere un pasaporte, dinero y una buena y resistente mochila; requiere además flexibilidad, creatividad, buen humor, paciencia y un saludable sentido de la aventura…”. Lo curioso de la historia es que no sólo se encarga del pasado, puesto que ella es capaz de transformar drásticamente nuestra experiencia del presente. ¿Quiere usted conocer Cuba? Bienvenido a bordo, traiga su equipaje, deje en casa los libros… Y si tiene dudas, no dude en preguntar al capitán, pero pregunte también al fogonero.

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