Tras el muro, tras las rejas

Quizá fue debido a nuestra inconformidad. Para nosotros siempre fue claro que la literatura no es un asunto del papel, sino una fuerza social. A mitades de los años ochenta, nuestra inconformidad era concerniente a la realidad del socialismo de Europa oriental, el cual nos quería prescribir qué verdades políticas tenían lugar en nuestros textos, y cuáles no. Así nacieron las reuniones de los miércoles de Leipzig, en las que en recintos privados, discutíamos textos cuya publicación fue obstaculizada o prohibida por el Estado. Nacieron proyectos como el Unsichtbare Theater, el teatro invisible (el cual llevaba temas ocultos a la vida cotidiana de la urbe Leipzig), y, cuando una vez el Ministerio para la Seguridad del Estado nos detuvo, leímos poemas en voz alta (la poetisa Jayne Ann Igel y yo) en los pasillos de la policía, mientras esperábamos ser interrogados, hasta que nos quitaron los libros –y continuamos recitando todos los poemas que nos sabíamos de memoria… No es casualidad que muchos de los que asistían a dichas acciones literarias, hicieran parte de los primeros manifestantes de Leipzig en el otoño revolucionario de 1989.

A mitades de los noventa continuó en Berlín: Nuevas realidades generan nuevas alianzas. De los salones y las funciones en el restaurante Walden, propiedad de la familia, salieron nuevas redes de activistas literarias. >>>

¿Qué hago con la rabia?

Son tantas las cosas que me enfurecen…
Pero aunque quisiera hacer algo, rápidamente, ¿Por dónde empiezo?

(c) Ulla Loge

Cooperativismo y revolución

Cooperativismo y revolución: cartones, libros, zanahorias, amor, poesía, sexo, cumbia y todo lo demás.

Néstor Kirchner murió y con él se acabó una buena parte de la historia argentina contemporánea. Una nueva Nación comienza.

Entre tanto alboroto, quedamos nosotros, los que estuvimos en las calles antes del kirchnerismo, lo estamos ahora y lo estaremos después. Sobrevivientes de los duros tiempos de crisis.

Mi nombre es Santiago Vega, un nombre precioso ¿no es verdad? Sin embargo, la vida y el trabajo me convirtieron en un animal político, como dice Fabián Casas, pero monstruo al fin: Cucurto.

Disculpen que tenga que comenzar hablando de mí, pero es que las impresiones que vendrán sobre todo el agite con la literatura de estos años, tiene un sentimiento personal. Algo que me incumbe de forma directa.

El año próximo, 2012, la cooperativa en la que trabajo cumplirá diez años. ¡Mucho tiempo fabricando libros de cartón! Me siento muy contento, mi vida ha sido casi de película.

Disfruté de todo y agradezco no haberme ido nunca de Eloísa Cartonera. Sería un desagradecido si no le agradeciera a todo el mundo: mundo, en este caso, ¡muchas gracias!

Desde que comencé a escribir siempre pensé en la posibilidad de ser un productor de literatura, sueños, de uniones corporales; soñar con ser un procreador de hijos, poemas, ilusiones, proyectos delirantes y mucho más. Lo logré a medias.

Siempre me pareció que la literatura no podía ser un lugar taannn difícil. Que un hombre común, de clase media baja, podría darse el gusto de leer libros, escribir poemas y novelas e incluso autopublicarlas y que mucha gente pudiera leerlas. Un hermoso sueño real.

Entre tanta esquematización, superprofesionalización y una asombrosa falta de sensibilidad ante las injusticias del mundo, nuestra única alternativa de supervivencia era crear una editorial cartonera. >>>

Libertad de acción

(c) Lilli Loge SOMOS solamente ARTISTAS, ¿QUÉ PODEMOS HACER? ¿lloriquear es lo único que pueden hacer? ¿qué queremos hacer? O ¿qué nos rehusamos a hacer? ¡Yo no quiero ser partícipe de una exposición que tiene un título que se burla del Holocausto! ¡dañas la diversión! ¡arte es guerra! ¡ah oye, pero si es solo un título! ¡el arte no tiene que ser político! ¡el arte es solo arte! ¡no lo pienses tanto, no todo tiene que tener sentido!

Uno noche con el 0,001% de los votos

A veces en las noches en las que una lectura ha sucedido, en el límite de la vergüenza ha tenido lugar, y después de que todos se hayan ido a la noche y todo haya sido arreglado, me siento en el bar a echarle una cerveza a la noche, se sienta también un amigo conmigo y en algún momento hace la pregunta: “¿por qué haces esto? ¿te pagan por ello?”

Las lecturas tienen lugar una vez al mes en un teatro, al que le alcanza para una bar. El bar se encuentra en un salón remodelado con cariño, que fue la oficina y centro de ventas de un negocio de aparatos de oficina, trasladado a una zona de la ciudad más barata. El teatro esta en un espacio aledaño. Desde hace cuatro semanas el teatro ya cuenta con una puerta de emergencia, “protección contra incendios”, dice el cuerpo de bomberos. “Aquí la cultura se tiene que poner de acuerdo con los bomberos”, dicen los administradores del bar. Las lecturas regulares se encuentran dentro de un programa con conciertos, teatro de improvisación y una campaña de los miembros del partido VERDE, atraen por ello a un público versátil. A veces, la sala esta llena hasta la última silla. Es vergonzoso cuando, y a saber , vergonzoso para todos, cuando además del anfitrión y el técnico, los dos autores invitados y sus cuatro amigos, acuden otros dos invitados que pagan la entrada, y a las otras ocho personas les toca regalarles una noche maravillosa. Con estas 10 personas, ha acudido entonces el 0,001% de la población de Colonia. Entonces son 0,001% de los colonienses, quienes se interesan por la literatura de la escena joven de la ciudad y por sus invitados supraregionales, con quienes la escena se quiere conectar. “si, en realidad ¿por qué haces esto?”
El que yo organice la serie literaria en este teatro, tiene una historia previa. Ya desde 2005 nos hicimos, en ese momento éramos un grupo de autores, responsables por una serie literaria. Al principio era en los salones de una fundación de literatura. En ese momento también nos hacíamos la pregunta: “¿dónde hay espacio en esta ciudad para la escena literaria?” En Colonia, una ciudad que se promociona hoy como ciudad de eventos, que aún cuenta como ciudad cultural y musical, la literatura figura al margen. No ayuda una casa de literatura, que esta hecha sobretodo para traer literatura, mejor dicho, nuevas publicaciones a la ciudad, tampoco ayuda un festival de literatura, que sustenta su éxito, no en los escritores, sino en los actores y las estrellitas que asisten. En algún lugar entre la paleta del comedy y slam poetry, todavía quedan algunos colores para la literatura textual – seguramente en una pequeña librería que pone un par de sillas entre los estantes cuando vuelve a haber alguna lectura. ¿La escena literaria de la ciudad? Una muchedumbre cansada que hay que unir. Y si no lo hacemos nosotros, pensábamos en ese momento, ¿quién lo hará entonces? Naturalmente cumplía también un fin en sí mismo, sobretodo si hay varios cuerpos de las entidades literarias: el anfitrión, el curioso, el escritor, el editor. Pero justo así funciona también la escena. Si el anfitrión falta, como uno de estos cuerpos, todo se sale de equilibrio. Hablando espacialmente: si no hay tarima, no hay escritores jóvenes y no hay ya más literatura actual publicada por ninguna pequeña editorial. Eso anduvo un par de años con todo los altibajos, en distintos lugares y una cantidad de escritores/escritoras interesantes. Un año hice pausa, no tenía más ganas de este activismo. Luego vino la propuesta del teatro.


La siguiente lectura está lista. La prensa está informada, las invitaciones serán colgadas y enviadas, volantes y afiches están impresos. Todavía hay que repartir algunos. En teoría todo debe salir bien. Si no hubiera el temor por ese 99,999%.

Traducción: Natalia Guzmán Díaz